La Feria de Verano en el paseo Alfonso XII

En 1874, Cartagena obtuvo la autorización de terraplenar y ganar terreno al mar para la construcción del nuevo muelle, que finalizado en sólo tres años, sería inaugurado por Alfonso XII.

Año 1890. Terminación de la primera fase.

Año 1890. Terminación de la primera fase.

De cara al mar se encontraba el muelle comercial, con sus tinglados, vías, andenes y ferrocarriles. Paralelo al muelle quedaba un paseo que se denominó Paseo de Alfonso XII (llamado de La Libertad durante la 2ª República) o Paseo del Muelle, como coloquialmente se le conoce.

Tinglados, vías y vapores en el nuevo muelle comercial.

Tinglados, vías y vapores en el nuevo muelle comercial.

En el paseo tenían representación los grandes bares y cafés de la calle Mayor. Para el periodo estival se levantaban teatros de madera, como el instalado en 1888, llamado Circo de la Riba; el barracón “Cinematógrafo Oriental”, propiedad de los Hnos. García Molero, precursores del cine en Cartagena; o “El Brillante”, propiedad de Cánovas y Valero, donde llegaron a actuar estrellas de la época como la Bella Chelito y Amalia Molina.

Vistas del Paseo de Alfonso XII .

Vistas del Paseo de Alfonso XII y el Ayuntamiento.

Vista del Paseo de Alfonso XII. Como fondo la muralla y el edificio de Intendencia.

Vista del Paseo de Alfonso XII. Como fondo la muralla y el edificio de Intendencia.

Al atardecer, el paseo era punto de encuentro de toda la población. Tal era el ambiente y el buen estar que reinaba que se alquilaban sillas para ver el devenir de la gente.

A pesar de todo, aún había algo que lo hacía más atractivo: era la Feria de Verano de Cartagena, que duraba desde el 25 de julio hasta el 15 de agosto. Esta feria se celebraba en la Plaza de la Merced desde mediados del siglo XVIII. En 1851 se trasladó al solar que dejó el monasterio franciscano (que luego se transformaría en la Glorieta de San Francisco), y a partir de 1887, se ubicaría en el Paseo del Muelle, dándole más esplendor por su situación en el exterior del recinto y realzándola con el alumbrado de gas, y más tarde el eléctrico. En el tiempo de feria, Cartagena se llenaba de forasteros y todas las fondas estaban completas. Eran días en que la casa se llenaba de familiares venidos de fuera.

Año 1904. Vista del Paseo desde la muralla. De izquierda a derecha, el pabellón del Ayuntamiento y del Círculo Militar.

Año 1904. Vista del Paseo desde la muralla. De izquierda a derecha, el pabellón del Ayuntamiento y del Círculo Militar.

Pabellones del Ayuntamiento y del Casino desde el muelle comercial.

Pabellones del Ayuntamiento y del Casino desde el muelle comercial.

El Eco de Cartagena, en su edición del 26 de agosto de 1899 definía así la feria: “Mirada desde el puerto, con sus múltiples lámparas eléctricas que, pendientes de altísimas columnas, vierten sobre ella cascada de brillante luz, con su largo y anchuroso paseo festoneado de millares de luces encerradas en bombas de cuajado cristal y con sus pabellones artísticos y hermosos, que rompen con su desigualdad armónica la monotonía del fondo y que a fuerza de estar de sobra iluminados parece que se levantan en el seno de una atmósfera incendiada”. Todo este poético escenario se veía aún más enaltecido con los barcos iluminados en la bahía y el engalanamiento de las principales calles de la ciudad.

El paseo engalanado.

El paseo engalanado.

Arco de entrada al real de la feria.

Arco de entrada al real de la feria.

Se accedía al Real de la Feria por una portada monumental. La levantada en 1902 presentaba la inscripción “A S.M. el Rey Alfonso XIII, la ciudad de Cartagena” con motivo de su coronación y estaba revestida con miles de bombillas eléctricas de diversos colores. La erigida en 1907, y desaparecida en 1911 por un vendaval, fue una de las más bellas. Su decoración, a base de motivos de mar, de campo y de la mina, fue realizada por pintores tan importantes como Francisco Portela de la Llera, Manuel Iznardo y Miguel Díaz Spottorno.

Año 1902. La portada presenta la inscripción "A S.M. el Rey Alfonso XIII, la ciudad de Cartagena"

Año 1902. La portada presenta la inscripción “A S.M. el Rey Alfonso XIII, la ciudad de Cartagena”

Año 1903. Arco de entrada al recinto ferial y los majestuosos pabellones.

Año 1903. Arco de entrada al recinto ferial y los majestuosos pabellones.

Durante la feria, el Ayuntamiento y las sociedades recreativas como el Casino, el Ateneo, el Círculo Militar y la Unión Mercantil, instalaban suntuosos quioscos o pabellones profusamente decorados, obras de los arquitectos locales de más prestigio como Víctor Beltrí, Tomás Rico o Francisco de Paula Oliver. En estos pabellones, se celebraban elegantes bailes y cotillones hasta altas horas de la madrugada, tocaban las bandas militares, y sextetos de grandes maestros interpretaban conciertos de música clásica.

El Pabellón de la Corporación Municipal fue levantado en 1902 por Tomás Rico. Es una combinación de cúpulas, doseles, columnas, gabletes y jarrones en un estilo barroco modernista. Desde este pabellón del Ayuntamiento, el 23 de junio de 1903, Alfonso XIII presenció el desfile militar organizado en su honor con motivo de su visita oficial a la ciudad.

En el año 1902, el Ayuntamiento, presidido por Ángel Bruna, encarga a Tomás Rico la construcción de este magnífico pabellón.

En el año 1902, el Ayuntamiento, presidido por Ángel Bruna, encarga a Tomás Rico la construcción de este magnífico pabellón.

Dos visitantes posan ante la obra de Tomás Rico.

Dos visitantes posan ante la obra de Tomás Rico.

Del Pabellón del Casino, levantado por Oliver, el diario local escribía: “…el lujoso pabellón del Casino que al inaugurarse mañana por la noche parecerá un palacio de la luz habitado por hadas”

En él se organizaban bailes los jueves y los domingos por la noche, y daba conciertos de piano el maestro Álvarez, autor del pasodoble Suspiros de España. En sus jardincillos jugaban los niños, que sólo podían acceder a su interior los jueves por la tarde.

Pabellón del Casino, obra de Oliver.

Pabellón del Casino, obra de Oliver.

Otra vista del Paseo con el Pabellón del Casino.

Otra vista del Paseo con el Pabellón del Casino.

El Pabellón del Círculo Militar, obra de Víctor Beltrí, fue erigido en 1902. La prensa lo definió como de estilo japonés, basándose en unas formas que recordaban las proas de las góndolas. También destacaban unos mástiles inclinados apoyados sobre los soportes de la estructura y que sujetaban el toldo. El acceso a este pabellón estaba limitado a los militares y a sus invitados. Fue destruido en 1907 por un vendaval.

Pabellón del Círculo Militar, levantado por Víctor Beltrí.

Pabellón del Círculo Militar, levantado por Víctor Beltrí.

Llamaba la atención el original diseño que la prensa definía como "japonés"

Llamaba la atención el original diseño que la prensa definía como “japonés”

1922. Pabellón del Taurino.

1922. Pabellón del Taurino.

La Casa de Expósitos instalaba una barraca donde se realizaban rifas y cuyas papeletas eran vendidas por bellas señoritas casaderas.

En el recinto ferial también habían casetas de madera y puestos de baratijas, de abanicos, de juguetes y de dulces; arcos de luces, farolillos y gallardetes de colores; títeres, ruedas de caballitos y cinematógrafos como el Lumière.

Real de la feria.

Real de la feria.

Paseando por la feria.

Paseando por la feria.

La feria estaba animada por bandas militares, fuegos artificiales acuáticos, regatas, cucañas marítimas, carreras de bicicletas, etc. En su programación contaba con tres corridas de toros y una modernista velada marítima -festejo éste, propiamente cartagenero y colofón de la feria-.

1901. Elefante. Carroza construida totalmente con transparentes e iluminación interior y en la peana.

1901. Elefante. Carroza construida totalmente con transparentes e iluminación interior y en la peana.

1947. Barcaza preparada para la velada marítima.

1947. Barcaza preparada para la velada marítima.

Durante la feria también se celebraba la “Batalla de Flores”, donde desfilaban carrozas y carruajes hermosamente engalanados con miles de flores y con opción a ser premiados.

1903. Carruajes engalanados para la Batalla de Flores

1903. Carruaje engalanado para la Batalla de Flores.

Carruaje engalanado para la Batalla de Flores.

Carruaje engalanado para la Batalla de Flores.

En otra época, durante el día de Santiago, a la señal estrepitosa del cañonazo anunciante del mediodía, la gente que en ese momento anduviera por la orilla del muelle era arrojada al mar, vestida y sin previo aviso. Con el tiempo, esa costumbre pasó a ser tradición, y ese día se congregaba en el cantil del muelle una multitud de personas, mayoritariamente gente joven, a la espera del disparo de las doce para saltar vestidos al mar, eso si, llevándose por delante algún descuidado espectador.

En la parte más cercana a la Muralla se establecía otra peculiar feria que Isidoro Valverde definía de esta manera: “…otra pequeña feria sui generis, con personalidad y vida propia; era la feria de los barracones de mal pelaje, donde cierta clase de gente tenía sus diversiones peculiares y nada versallescas. Era un mundo báquico junto a otro mundo ordenado. Era un mundo pintoresco que hubiera encantado a cualquier pintor impresionista, separado del otro por una frontera inmaterial y meramente sociológica. Los de la feria de la derecha pasaban por su lado procurando ignorarlo. Naturalmente, las chicas bien no traspasaban esa frontera ni acompañadas por sus padres. Este mundo siniestro era conocido en Cartagena con el expresivo nombre de Barrio de las Injurias”

A partir de 1919, la feria veraniega fue decayendo poco a poco hasta desaparecer.

Terminando de narrar todo esto, no puedo evitar evocar esa sensación embriagadora de novela que nuestros antiguos paisanos sintieron ante tanta belleza y jolgorio, enaltecida por miles de bombillas que deslumbraron entre los brillos de la luz eléctrica a cuantos la vieron por primera vez.

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3 comentarios el “La Feria de Verano en el paseo Alfonso XII

  1. jose dice:

    MUY BUENO ESO ES LO QUE AHI QUE MOSTRARLE A LA JUVENTUD PARA QUE CUIDE MAS SU CIUDAD.

  2. M. J. Z dice:

    Estupendo relató de una vida anterior siendo sus protagonistas gente estupenda. Leo cosas de Cartagena antigua y cada vez me siento más huérfana.
    Sólo una cosa. Muchos nombres aquí mencionados y en otras crónicas, como el Barrio del Peral, fueron fusilados sin contemplación. ¿Eran estos sus “pecados”? Merecían morir de forma tan atroz? Bueno, esa es otra historia que también debería ser contada. Enhorabuena. Muy ilustrativo MJ

  3. Cartagena es así, estoy convencido. Cuanto mas se abre y se la conoce, a mi juicio, se queda contigo. Una gran y bonita Ciudad. Con una personalidad propia.

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