Batería de Castillitos

La batería de Castillitos se encuentra situada en Cabo Tiñoso, en la zona de poniente de la costa de Cartagena, cerca de La Azohía y del poblamiento del Campillo de Adentro. Un paraje dominado por acantilados y montes escarpados, entre los que se alternan sucesivas calas: al oeste del cabo, Cala Cerrada y Cala Abierta, y al este, Cala Majorra, Cala Salitrona y Boletes.

La construcción de la batería, sobre una cota de 257 m., en la llamada Loma de Los Castillitos, se lleva a cabo entre los años 1933 y 1936, dentro del Plan de Primo de Rivera (Plan de Defensa de 1926). Las obras de explanación dan comienzo el 16 de septiembre de 1929, bajo las órdenes del coronel de ingenieros Mariano Campos, siguiendo el proyecto realizado por el capitán Nicanor Martínez Ruiz.

Operarios

Trabajadores y operarios.

Explandando el terreno.

Desmonte del terreno.

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Las primeras obras de consideración fueron el acondicionamiento de caminos.

CT-036

Maquinaria y obreros.

Construcción de la batería.

Construcción de los edificios.

Construcción de la batería.

Construcción de los edificios.

Construcción de la batería.

Construcción de los edificios.

Construcción de la batería.

Levantamiento de muros de mampostería.

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Obreros en plena faena.

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Construcción de un pozo para la ubicación de una de las piezas.

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Construcción del pórtico de entrada a los pozos.

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Construcción del pórtico de entrada a los pozos.

En dicha explanada se montan a barbeta dos de los cuatro cañones Vickers de 38’1, modelo 1926, fabricados en Sheffieid (Inglaterra), para proteger la base naval de Cartagena. Los otros dos se emplazan en el monte de Cenizas.

Estas piezas tendrán un alcance de 35.000 m., lanzando un proyectil de acero con un peso de 885 Kg, bien perforante con 18 Kg. de TNT, o de alto explosivo con 76 Kg. del mismo material. El traslado de estos proyectiles desde las chilleras hasta los pozos se hace a través de una red de railes.

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Pozo de una de las piezas.

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Los pozos se acondicionan con hormigón y cantería. Después se establecerán los elementos mecánicos que mueven las piezas.

Dado el peso y dimensiones de los diversos componentes que componen las piezas, tienen que llevarse a cabo una serie de obras previas como la construcción del muelle de La Azohía, proyectado por el capitán de Ingenieros Manuel Duelo Gutiérrez. Este espigón portuario queda finalizado el 27 de septiembre de 1931 y permite a la grúa Sansón, auxiliada por el remolcador El Gaditano, realizar las operaciones de descarga de material.

Grúa Sansón. Actualmente la podemos ver en una redonda de Santa Lucía.

Grúa flotante Sansón. Actualmente la podemos ver en una redonda viaria de Santa Lucía, camino de La Cortina.

La grúa Sansón maniobrando con uno de los cañones de 38'1

La grúa Sansón maniobrando con uno de los cañones de 38’1.

También es necesaria la construcción de una carretera de 9 Km. de longitud con amplias curvas y suave pendiente que permita a una locomóvil, apodada La Cotorruela, remolcar los pesados tubos de 80 Tm y 17 m. de longitud. El camino se completa con otro auxiliar para suministrar arena desde Cala Salitrona hasta la obra.

La Cotorruela era una especie de tractor o apisonadora, una locomóvil que funcionaba por vapor de agua a presión, y en este caso se le llamó con este apodo porque el especialista y conductor de esta máquina era el Maestro Cotorruelo.

La Cotorruela era una especie de tractor o apisonadora, una locomóvil que funcionaba por vapor de agua a presión, y en este caso se le llamó con este apodo porque el especialista y conductor de esta máquina era el Maestro Cotorruelo.

Las dimensiones del proyecto supone una amplia oferta de trabajo que administra la Comandancia de Ingenieros de la Plaza, saliendo a pública subasta la ejecución de determinadas partidas. Estas ofertas suponen una estimable ayuda para la economía de la zona.

El 27 de febrero de 1935 da comienzo el transporte de material.

Descarga de material en La Azohía.

Descarga de material en La Azohía.

Descarga de material en La Azohía.

Descarga de material en La Azohía.

Descarga de material en La Azohía.

Traslado de las piezas móviles del 38’1.

Descarga de material.

Descarga de material.

Descarga de material.

Las dos piezas de 38’1 esperan a ser trasladadas. Mientras, los operarios montan los railes por donde se desplazarán.

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Operarios junto a una de las grúas utilizadas para mover las pesadas piezas.

Descarga de material.

Transporte de diverso material sobre railes recuperables.

Locomóvil

Las locomóviles y un tractor semioruga tiran de una de las cañas de 38’1 que serán montadas en Castillitos.

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Las piezas de gran tonelaje circulaban sobre una vía de 150 m. que, desmontada la parte recorrida, pasaba a ser colocada delante.

Al comenzar la Guerra Civil, la batería está casi terminada, a falta del montaje de la dirección de tiro y el telémetro, y sin realizar la prueba de explanada (operación que consistía en realizar varios disparos con distinta elevación y dirección para comprobar los anclajes de la pieza). A pesar de no estar plenamente operativa tiene un importante papel en la disuasión de los ataques navales. El 25 de abril de 1937 hacen acto de presencia los cruceros de la Escuadra Nacional Canarias, Cervera y Baleares. Cuando el Canarias entra en la zona de batida, la primera pieza de 38’1 realiza su primer disparo contra este navío, el cual, al comprobar la caída de semejante proyectil en sus inmediaciones, decide no presentar combate dada la superioridad del armamento de Cabo Tiñoso.

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Disparo de una de las piezas Vickers 38’1 montadas en Castillitos.

Cada pieza necesitaba de 15 a 20 sirvientes.

Cada pieza necesitaba entre 15 y 20 sirvientes.

En 1945 recibe la denominación de Batería C-1 y en 1949 se instala una moderna dirección de tiro, marca Costilla. Para facilitar las mediciones de distancias a la nueva dirección de tiro se tienen que construir una serie de puestos grafométricos que enlazan por cable subterráneo, o submarino, con el telémetro de Gran Base. Uno de ellos es el de La Aguja, conocido por La Casa del Comandante.

El conjunto de la batería presenta cinco tipo de construcciones:

  1. Pórtico de entrada a los fosos de las piezas. De estilo historicista, imitación de castillo medieval con cubos almenados enmascarando los accesos, que apuntan formas de arcos de medio punto. Torrecillas almenadas semicilíndricas enmarcan el ingreso principal. Decoración de arquillo ciego y ventanas abocinadas. Paramentos de mampostería de piedra irregular.
  2. Túneles y estancias que forman dichos fosos para cada pieza con muros y bóvedas de hormigón armado. Para cada pieza existen las siguientes estancias: sala de máquinas, chillera de proyectiles, depósito de pólvora, cámara de carga y almacén de repuestos. Además está la estación central de dirección de tiro. Cuenta también con una salida subterránea de emergencias que lleva al exterior por el monte.
  3. Talleres generales de la batería con fachadas imitación al neoclásico.
  4. Puestos de mando, telemétrico y observación semienterrados y con sus partes emergentes mimetizadas con el entorno.
  5. Edificios sueltos para alojamiento, vida y servicios al personal destinado como residencias de oficiales y suboficiales, dormitorios para la tropa, cocina, comedor, aljibes, instalaciones deportivas, cantina, sala de lectura, sala de juegos, etc.
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Construcción del pórtico de entrada a los fosos de los cañones y a la Dirección de Tiro.

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Pórtico de entrada a uno de los fosos subterráneos.

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La construcción sigue un estilo historicista imitando un castillo medieval.

La batería de Castillitos se complementa con la batería secundaria situada en la loma de Jorel, en una cota de 218 m. Construida entre 1929 y 1933 y artillada con 4 cañones Vickers de 15’24, modelo 1923, de un alcance de 21.200 m. Los días 6 y 7 de marzo de 1939, sublevada contra el Gobierno de la República, esta batería realiza un total de 51 disparos contra la de La Parajola.

Jorel

Uno de los edificios que forman parte del conjunto del Jorel.

Material para Jorel

Traslado de uno de los Vickers 15’24.

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Montaje de uno de los 15’24 en la batería del Jorel.

Montaje de uno de los Vickers 15'24 en la batería del Jorel.

Ensamble de la caña del 15’24 en su cuna.

Montaje de uno de los Vickers 15'24 en la batería del Jorel.

Colocación del carapacho.

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Colocación del carapacho.

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Vista de la batería de artillería secundaria del Jorel. En ella se aprecia uno de los cañones de 15’24. Esta batería es la única de Cartagena que aun tiene montadas estas piezas.

El 10 de marzo de 1992, la batería de Jorel hace fuego por última vez realizando 8 disparos de fogueo y 32 de instrucción. En el año 1994 queda fuera de servicio.

Todo el conjunto queda protegido de los ataques de bombarderos gracias al Atalayón, una batería antiaérea construida entre los años 1926 y 1933 de arquitectura neoclásica/modernista y dotada de 4 cañones Vickers de 105/45. Fue desartillada en 1952.

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Construcción de uno de los edificios de la batería antiaérea del Atalayón.

El 1 de junio de 1977, la batería de Castillitos efectúa el último ejercicio con fuego real al mando del teniente Salvador González Pola de la Granja. En el año 1990 permanece en situación de Taponada y en 1994 queda fuera de servicio por la aplicación del Plan Norte, destinado a la modernización y racionalización de los recursos de las Fuerzas Armadas.

Actualmente, esta batería, propiedad del Ministerio de Defensa, está declarada Bien de Interés Cultural.

Recientemente, la Guía Repsol ha incluido la batería de Castillitos como uno de los 17 lugares seleccionados para ser elegidos como Mejor Rincón de España 2013. A través de un concurso en su web, podéis votar para que sea el enclave ganador.

Imagen actual del pórtico de entrada a los pozos de las piezas y a la Dirección de Tiro de Castillitos (Foto: Juan de Dios Sáez)

Imagen actual del pórtico de entrada a los pozos de las piezas y a la Dirección de Tiro de Castillitos (Foto: Juan de Dios Sáez)

Una de las piezas Vickers 38'1 (Foto: Juan de Dios Sáez)

Una de las piezas Vickers 38’1 (Foto: Juan de Dios Sáez)

Panorámica actual de la batería del Jorel (Foto: Juan de Dios Sáez)

Panorámica actual de la batería del Jorel (Foto: Juan de Dios Sáez)

Uno de los Vickers 15'24 montados en el Jorel (Foto: Juan de Dios Sáez)

Uno de los Vickers 15’24 montados en el Jorel (Foto: Juan de Dios Sáez)

Instantánea de uno de los edificios que conforman la batería antiáerea del Atalayón (Foto: Juan de Dios Sáez)

Instantánea de uno de los edificios que conforman la batería antiáerea del Atalayón (Foto: Juan de Dios Sáez)

El Castillito de Los Dolores

Creo no equivocarme si afirmo que este edificio, aún siendo una construcción notable, aportó menos al patrimonio arquitectónico de Cartagena que al desarrollo imaginativo de sus niños. Recuerdo todavía cuando alguna noche, de regreso por la carretera de Los Gabatos, vislumbraba una tenue luz en alguno de los torreones y la imaginación se me disparaba en mil elucubraciones. Por desgracia, la magia que envolvía al palacete desapareció con los años, no por mi madurez, sino por la edificación del entorno, que trasformó su bosque encantado en una moderna urbanización, encuadrándolo dentro de la ciudad para siempre.

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Siento que la historia del mítico Castillito no esté sembrada de brujas, caballeros o princesas, como debería ser, sino de una realidad bien distinta que os contaré a continuación.

El Castillito en 1989. En primer plano una de las garitas (Foto: Salvador Zamora)

El Castillito en 1989. En primer plano una de las garitas (Foto: Salvador Zamora)

En el barrio de Los Dolores, en la actual urbanización de Castillitos, se encontraba la finca de D. Pedro Conesa Calderón, uno de los comerciantes más ricos de Cartagena, poseedor de varios edificios en importantes calles de la ciudad como Santa Florentina y la Puerta de Murcia, entre ellos el desaparecido Pasaje Conesa.

En la Puerta de Murcia mandó construir para su hija, Antonia Conesa, y su yerno, Isidoro Calín, el edificio del Palacio del Marqués de Fuente Sol que también da a las calles Castellini y Conducto. Isidoro Calín era propietario de grandes extensiones de tierras desde La Aljorra hasta Los Dolores, y dueño de la conocida Torre Calín. Fruto de este matrimonio es su hija Antonia Calín Conesa.

D. Pedro Conesa encargó que se construyera en su finca de Los Dolores un rincón de juegos como regalo para su nieta Antonia, una construcción que hiciera las veces de “casa de muñecas”. Semejante excentricidad fue posible gracias a su alto estatus económico.

Antonia Calín Conesa se casó con D. José de la Figuera y Cerda, el primer Marqués de Fuente Sol que llegó a Cartagena, y estuvieron viviendo en el edificio que construyó su abuelo Pedro Conesa para sus padres en la Puerta de Murcia. “El Castillito” se utilizaba como residencia de veraneo, conociéndose a partir de entonces como el castillito del marqués.

El hijo de ambos, D. José de la Figuera y Calín, ingeniero naval, se casó con Dª María del Carmen López Casal y estuvieron viviendo, junto a sus hijos, en la finca de Castillitos hasta que éste falleció el 14 de junio de 1952 y su viuda se trasladó a Madrid.

El Castillito en 1989 (Foto: Salvador Zamora)

El Castillito en 1989 (Foto: Salvador Zamora)

El Castillito data de 1900 y fue edificado en la parte más elevada de la propiedad, dominando toda la finca. Esta obra está atribuida a Tomás Rico, arquitecto de la primera vivienda de Pedro Conesa.

Torre y buhardilla de la cara norte, 1989 (Foto: Salvador Zamora)

Torre y buhardilla de la cara norte, 1989 (Foto: Salvador Zamora)

Es un edificio muy peculiar, construido con una pintoresca fantasía premodernista. La decoración de las fachada se basa en la combinación del ladrillo rojo y la piedra artificial. La planta baja es de piedra acanalada con adornos de ladrillo; en contraste, el piso superior es de ladrillo y la piedra artificial se limita a los adornos. Los guardapolvos de ladrillo en la planta baja, las cadenas de las esquinas, las buhardillas y los temas de tipo griego que decoran los guardapolvos del piso superior, podían ser motivos identificativos de Tomás Rico. Los tejados son muy puntiagudos y le dan un aire de villa colonial. Adosadas a la planta se encuentran dos torres cilíndricas que corresponden a dos cajas de escalera. La parte superior de las torres está rodeada por un balcón de hierro y coronada por una cúpula cónica.

Fachada norte, 1989 (Foto: Salvador Zamora)

Fachada norte, 1989 (Foto: Salvador Zamora)

Detalle de la parte superior de una de las torres, 1989 (Foto: Salvador Zamora)

Detalle de la parte superior de una de las torres, 1989 (Foto: Salvador Zamora)

Los interiores estaban decorados con bellas pinturas, ricos tapices y ambientaciones de inspiración islámica en algunos rincones.

En el exterior, al sur de la vivienda, se encontraba una terraza con balaustres a la que se accedía por una escalera. Ésta estaba flanqueada por unas garitas de planta hexagonal de ladrillo, adornadas con motivos geométricos. El jardín se completaba con una serie de estatuas, fuentes y bancos recubiertos de trencadís (azulejería troceada).

Puerta interior, 1989 (Foto: Salvador Zamora)

Puerta interior, 1989 (Foto: Salvador Zamora)

Uno de los techos, previo a su última restauración.

Uno de los techos, previo a su última restauración.

Detalles del interior aun sin restaurar (Foto: Juan de Dios Sáez)

Detalles del interior aun sin restaurar (Foto: Juan de Dios Sáez)

Desde el interior de la torre sur del Castillito partía un túnel subterráneo que comunicaba con la vivienda, de aspecto más sencillo, situada en la margen derecha de la finca.

Obras de rehabilitación del Castillito, donde se puede ver en la zona inferior parte del túnel que accedía a la vivienda.

Obras de rehabilitación del Castillito, donde se puede ver en la zona inferior parte del túnel que accedía a la vivienda.

El 1 de marzo de 1988, Dª María del Carmen López Casal, marquesa de Fuente el Sol, viuda de D. José de la Figuera y Calín, vendió la finca a una constructora, exceptuando el Castillito, que cedió al Ayuntamiento en mayo de ese mismo año para su uso como instalación lúdica o zona verde. Fue decalarado Bien de Interés Cultural el 24 de octubre de ese mismo año. A pesar de su protección BIC sufrió un proceso de abandono, degradación y saqueo, que pasó incluso por más de un incendio.

En junio de 2000, finalizó una primera restauración del edificio realizada por la Escuela Taller de la Agencia de Empleo. En junio de 2001, la Escuela Taller Jardín Botánico el Castillito de Los Dolores acondicionó un jardín botánico con plantas autóctonas en los alrededores del palacete.

Actualmente, y tras una nueva y excelente rehabilitación, la mansión alberga un cuartel de la Policía Local.

Imagen del Castillito en la actualidad. Sede de la Policía Local.

Imagen del Castillito en la actualidad. Sede de la Policía Local.

A continuación una serie de fotografías realizadas tras la magnífica restauración, cedidas por Juan de Dios Sáez.

Exterior1

Exterior2

Exterior3

Exterior4

Vestíbulo1

Vestíbulo2

Sala del balcón

Sala de los pajaritos3

Sala de los pajaritos2

Sala de los pajaritos1

Escaleras y pasillos

La Casa Llagostera

En la calle Mayor de Cartagena se levanta la Casa Llagostera, según Pérez Rojas: “el edificio con la fachada más original y hermosa de la arquitectura murciana del siglo XX”. Los Llagostera eran una familia de comerciantes catalanes afincados en Cartagena y que pertenecían a la influyente burguesía comercial de principios del siglo XX.

Fachada principal de la Casa Llagostera (Foto: José Antonio Rodríguez)

Fachada principal de la Casa Llagostera (Foto: José Antonio Rodríguez)

D. Esteban Llagostera Puntí y su esposa, Julia Molina Macabich, eran propietarios de una villa situada en las proximidades del Barrio de Los Dolores, conocida como el “Huerto de las Bolas”. Satisfechos con la labor realizada por Víctor Beltrí en aquella propiedad, le encargó, en noviembre de 1913, la construcción de un edificio a la altura del número 25 de la calle Mayor (antiguos 37 y 39 de la calle Isaac Peral). El proyecto consistía en derribar las dos casas y reconstruir una sola vivienda.

Se trataba de una casa de tres pisos y bajo comercial. Los propietarios ocupaban el primer piso, mientras que en la planta baja, donde permanece cerrado el Gran Bar, se encontraba el comercio de la familia, dedicado a la venta de tejidos. En la azotea quedan restos de un torreón, que en su día, servía al dueño para comunicarse, mediante banderas, con la torre del “Huerto de las Bolas”

Membrete del comercio de tejidos de Esteban Llagostera. En una guía de Cartagena, de 1902, aparecen como donantes de una alfombra de terciopelo de 12 metros para el presbiterio de la Iglesia de la Caridad. (Foto: Juan Ignacio Ferrández)

Membrete del comercio de tejidos de Esteban Llagostera. En una guía de Cartagena, de 1902, aparecen como donantes de una alfombra de terciopelo de 12 metros para el presbiterio de la Iglesia de la Caridad. (Foto: Juan Ignacio Ferrández)

La fachada sigue el habitual esquema cartagenero de miradores laterales y balcones centrales que la dividen en tres ejes verticales. En los miradores, de madera, se pueden observar entre algunos listones pequeños trozos de cerámica.

Detalles de los miradores.

Detalles de los miradores.

Detalles de los miradores.

Detalles de los miradores.

En las balconadas se encuentra lo que hace de este edificio una obra tan peculiar: su decoración a base de cerámica pintada de vivos colores, obra del ceramista y pintor Gaspar Polo. En ellas aparecen representadas las figuras mitológicas de Minerva y Mercurio, símbolos de la sabiduría y del comercio. A ambos lados de la diosa los escudos de Barcelona y Murcia, y flanqueando a Mercurio los de Manlleu y Cartagena refiriendo a los lugares de origen y de trabajo de la familia Llagostera. Escudos y divinidades se encuentran separados por puertas de madera acristaladas. En el último piso y entre la representación de dos jarrones decorativos, figura el escudo de España. Encima de estos, un remate curvo presenta unos fustes con capitel jónico y elementos de carácter vegetal a modo de corona de laurel.

El escudo de Manlleu, el dios Mercurio y el escudo de Cartagena (Foto: Juan de Dios Sáez)

El escudo de Manlleu, el dios Mercurio y el escudo de Cartagena (Foto: Juan de Dios Sáez)

El escudo de Barcelona y la diosa Minerva.

El escudo de Barcelona y la diosa Minerva.

Encima de la cornisa, y apenas visible desde abajo, aparece escrito en azulejos: “Casa Llagostera”. La obra debió de finalizar en 1916, fecha que aparece junto a la firma del ceramista en el borde interior del recuadro de Mercurio. La ornamentación de la fachada se completa con la adecuación de elementos constructivos como ménsulas de piedra, dinteles y soportes tallados con motivos vegetales muy modernistas, además de un trabajo muy destacable en rejerías de forja.

Parte superior del edificio donde se puede leer: "Casa Llagostera"

Parte superior del edificio donde se puede leer: “Casa Llagostera”

Cornisa con decoración floral. Se aprecia parte del rótulo "Casa Llagostera"

Cornisa con decoración floral. Se aprecia parte del rótulo “Casa Llagostera”

Detalle de la cornisa.

Detalle de la cornisa.

Detalles de la fachada (Foto: José Antonio Rodríguez)

Detalles de la fachada (Foto: José Antonio Rodríguez)

Detalles de la fachada (Foto: José Antonio Rodríguez)

Detalles de la fachada (Foto: José Antonio Rodríguez)

Detalles del interior (Foto: José Antonio Rodríguez)

Detalles del interior (Foto: José Antonio Rodríguez)

La rejería de la escalera era igual a la de los balcones (Foto: José Ignacio Ferrández)

La rejería de la escalera era igual a la de los balcones (Foto: Juan Ignacio Ferrández)

Detalle del interior (Foto: José ignacio Ferrández)

Detalle del interior (Foto: Juan Ignacio Ferrández)

Durante los años setenta se tuvo que apuntalar el edificio por su precario estado, restaurándose parcialmente e interviniendo su fachada en el año 1978. Durante años ha padecido un largo proceso abandono, sufriendo incluso en su interior, actos de vandalismo e incendios.

Ha tenido varios dueños, entre ellos el Hospital de la Caridad y diversos propietarios privados. Después de dos años desde su última intervención, solo se ha derribado todo su interior y su fachada permanece oculta a falta de comenzar su restauración.

Inundaciones: la borrasca de Santa Catalina

A la extensa y variada tradición sobre un Diluvio Universal sobrevenido en tiempos remotos -se conocen al menos 168 leyendas que relatan o hacen referencia al mismo- suele sumarse la creencia de que otro episodio semejante significará el fin del mundo. El hombre, en su absurdo y reiterado empeño por invadir terrenos que la naturaleza ha previsto para otros fines, no sólo no ha sabido frenar el impacto de las fuertes lluvias sino que ha contribuido a que éstas resulten aún más catastróficas.

29 de septiembre de 1919. Plaza del Ayuntamiento. Conocida como la "Gran Riada", fue la más importante y trágica de las 14 grandes inundaciones sufridas en Cartagena durante el s. XX.

29 de septiembre de 1919. Plaza del Ayuntamiento. Conocida como la “Gran Riada”, fue la más importante y trágica de las 14 grandes inundaciones sufridas en Cartagena durante el s. XX.

Existe en la Comarca de Cartagena una amplia tradición sobre inundaciones, crecidas, riadas y desbordamientos de ramblas y barrancos. Los habitantes del Sureste peninsular, ya desde los tiempos de Mastia o de Testa, vivimos acostumbrados a padecer la ira de Ibero, pastor de los innumerables rebaños de nubes, ríos, lagos y mares.

Quizá la más antigua inundación de la que se tiene conocimiento en Cartagena sea la Riada de Julio Cesar el año 47 a. C. y que afectó a toda la zona que hoy comprende el Campo de Cartagena, el Mar Menor y el Sur de Alicante.

De la oscura Baja Edad Media nos llegan breves referencias a importantes riadas en los años 1143, 1258, 1292, 1356 y 1379.

Plaza del Ayuntamiento, 1919. El agua llegó hasta una altura de 3,2 m. en la calle Real y 3 m. en la calle Carmen y Santa Florentina.

Plaza del Ayuntamiento, 1919. El agua llegó hasta una altura de 3,2 m. en la calle Real y 3 m. en la calle Carmen y Santa Florentina.

Durante el siglo XVI fueron importantes las riadas de San Lucas en 1545 y San Ciriaco en 1558. Pero es en el XVII cuando se producen las peores catástrofes: La Tormenta de Santa Úrsula, el 21 de octubre de 1604, la Riada de San Calixto, el 15 de octubre de 1651, la de San Severo en 1653, las de San Miguel, el 24 de septiembre de 1664, San Patricio en 1672 o Santo Tomás en 1683 son casi anécdotas en comparación con lo que se vivió en Cartagena la noche el 23 al 24 de noviembre de 1694. Quizás nunca se ha sentido tan vivamente en Cartagena la certeza de que, si no el fin del mundo, la desaparición de la ciudad estaba próxima.

Ya el 23 de noviembre el día amaneció oscuro, tenebroso y frío. Desde primeras horas de la mañana el Ave del Viento agitó sus gigantescas alas con enfurecida violencia. Cuentan que el Levante soplaba con tal dureza que las copas de los árboles barrían los suelos. Aquel día los pescadores amarraron sus barcos, recogieron sus pertrechos y encendieron las velas de cera. Los ciudadanos se resguardaron en sus casas, bien trincados puertas y postigos, mientras negruzcos y siniestros nubarrones volaban raudos hacia el Oeste dejando a su paso los primeros chubascos.

Rescate en la calle Mayor, 1919. Las barcas se hicieron imprescindibles en los salvamentos.

Rescate en la calle Mayor, 1919. Las barcas se hicieron imprescindibles en los salvamentos.

Calle Mayor, 1919.

Calle Mayor, 1919.

Recoge Federico Casal en sus “Leyendas, tradiciones y hechos históricos de Cartagena” que caída la tarde Cartagena era una población fantasma: “En las campanas de la vieja Catedral había sonado con lúgubre tañido la hora de la oración, la población desierta, presentaba un fantástico aspecto al cárdeno resplandor de los continuos relámpagos, y bajo el fragor de desgarradores truenos se oía en toda la ciudad el rugir de las embravecidas olas.”

Plaza de Las Monjas, 1919.

Plaza de Las Monjas, 1919.

La mañana del día 24 la tormenta arreció considerablemente. Agua y viento, unidos, arrastraban cuanto aparecía a su paso. Gigantescas olas penetraron en la ciudad a través de la Plaza Mayor inundando las calles Real y Mayor. Por Poniente, en el espacio que hoy ocupa el Arsenal, el mar penetró hasta el Almarjal estallando en elevados chorros al chocar con las aguas que, procedentes de las ramblas, venían a desembocar al mar. En el puerto, los destrozos fueron innumerables. Así lo cuenta Federico Casal: “Las embarcaciones bailaban como débiles plumas sobre las encrespadas olas; dos galeras de la Real Escuadra que en el puerto debían invernar fueron maltratadas brutalmente, perdiendo todos sus pertrechos, velamen y arboladura, y aterrada la chusma que la tripulaba y desobedeciendo a sus jefes, se lanzaron al mar, donde perecieron, siendo imposible toda salvación. El bergantín de S.M. que hacía la carrera de Orán, rompió áncoras y amarras y fue a estrellarse contra las rocas de la montaña que mira la levante (Galeras) y en el Batel fue destruido un vagel puesto en quilla, propiedad de una cartagenero que hacía el corso por nuestras costas”. Los pescadores perdieron todas sus barcas e instalaciones. Muchos edificios de la ciudad sufrieron daños irreparables, entre ellos el Palacio Consistorial y las Casas del Rey.

Finalmente, ante la insistencia de los ruegos y oraciones del pueblo, los santos Fulgencio, Isidoro, Leandro y Florentina intercedieron de alguna forma y la borrasca cesó.

Plaza de Las Monjas, 1919.

Plaza de Las Monjas, 1919.

Dos años más tarde, en 1696, el Cabildo Municipal acordó celebrar anualmente una fiesta de acción de gracias a los Cuatro Santos. Por la mañana habría de celebrarse una misa cantada y por la tarde se sacaría a los Cuatro Santos en procesión por la ciudad. Hoy, más de trescientos años después, continua celebrándose cada 24 de noviembre una función votiva en agradecimiento a los santos que socorrieron la ciudad.

Durante el siglo XVIII, con especial intensidad entre los años 1726 y 1741, se repiten con regularidad inundaciones, riadas, avenidas y desbordamientos.

Calle Mayor, 1919.

Calle Mayor, 1919.

López Bermúdez (“Inundaciones catastróficas, precipitaciones torrenciales y erosión en la provincia de Murcia”) Arévalo (“Relación de grandes inundaciones en la provincia de Murcia”) y Torres Fontes (“Inundaciones en Murcia”) recuerdan importantes riadas de los años 1802, 1828, 1830, 1831, 1834, 1838, 1846, 1860, 1879, 1884 y 1891.

Plaza del Rey, 1919.

Plaza del Rey, 1919.

El 30 de abril de 1802 la tormenta se hizo sentir con furia en Cartagena, pero peor fue la rotura del embalse de Puentes en Lorca, con la muerte de 608 personas y la pérdida de 700 hectáreas cultivadas.

El 11 de junio de 1830 la Riada de San Bernabé inundó completamente el Campo de Cartagena, anegó el Almarjal y desbordó la Rambla de Benipila haciendo saltar sus aguas por encima del puente de La Concepción.

Fonda Francesa,1919.

Fonda Francesa, calle Mayor, 1919.

La tormenta del 29 de noviembre de 1834 se sintió en todo Levante, pero afectó especialmente a la ciudad de Cartagena El desbordamiento de las ramblas de Benipila y Santa Lucía permitió que el agua invadiera la zona del Almarjal y las calles Real, del Carmen, Puerta de Murcia y Mayor.

El agua alcanzó 11 metros de altura sobre el nivel del mar en Cartagena el día 29 de septiembre de 1843. El 15 de octubre de 1879 la riada de Santa Teresa provocó graves daños en Cartagena pero afectó mayormente a Murcia, Lorca y toda la Vega Baja. Hubo 777 muertos y se perdieron 24.000 hectáreas de cultivo. A la Riada de los 30 Días en enero de 1881 siguieron la de septiembre del mismo año, la de los 43 Días en 1890 y la de San Jacinto en septiembre de 1891.

Puerta de Murcia, 1919.

La Puerta de Murcia inundada. En el centro, el Palacio Pedreño “navega” entre las calles Sagasta y Carmen.

Varios autores recogen las riadas de San Aniceto, el 27 de junio de 1900, la de 1906 con el desbordamiento el día 5 de septiembre de las ramblas de Benipila y del Hondón, y la Riada de San Miguel el 29 de septiembre de 1919. “Avenidas fluviales e inundaciones en la cuenca del Mediterráneo”

Puerta de Murcia, 1919.

Puerta de Murcia, 1919.

El diario El Eco de Cartagena contaba en octubre de 1919 que aquel día 29 “la lluvia había comenzado a caer sobre las siete de la tarde” y que gran parte de Cartagena quedó inundada por el agua que llegó a rebasar los dos metros y medio de altura en las calles Jabonerías, Conducto, Puertas de Murcia y Real. Según el diario La Tierra el agua alcanzó “hasta la mitad de la altura de las columnas del Ayuntamiento”, al que no fue posible acceder hasta 8 días después. Todos los comercios de las calles del Carmen, Puertas de Murcia y Mayor quedaron arrasados y la tromba de agua hizo que se formaran dos amplios lagos en el Almarjal y en El Hondón. Tanto el Eco como La Tierra culparon de la catástrofe a la administración municipal. La edificación sobre la rambla de la Anguililla, cauce natural que cruzaba el Almarjal de Levante a Poniente e iba a confluir con la Rambla de Benipila para desembocar en la Algameca, y el vertido de los escombros de un cuartel en la misma rambla, fueron según la prensa local causa de la muerte de 22 personas, la destrucción de numeroso arbolado e importantes cosechas, la desaparición de ganado y otras desgracias menores.

Paseo de Alfonso XII, 1919.

Paseo de Alfonso XII, 1919.

La Tormenta de San Quintín el 31 de octubre de 1923, la del 21 de octubre de 1948, la del 13 de noviembre de 1953, o las todavía frescas en la memoria de los cartageneros del 20 de octubre de 1972 y del 14 de octubre de 1973 en la que perecieron 200 personas tras el fuerte temporal que azotó a las regiones de Murcia, Almería y Granada, no serán, sin duda, las últimas que habremos de lamentar.

Calle Carmen y Plaza de España, 1919.

Calle Carmen y Plaza de España, 1919.

La fuerza del agua hizo volcar hasta los tranvías.

La fuerza del agua hizo volcar hasta los tranvías.

Calle del Carmen, 1919.

Calle del Carmen, 1919.

Calle Ángel Bruna, 1919.

Calle Ángel Bruna, 1919. En primer plano el edificio de las Siervas de Jesús.

Vista de la Estación de Ferrocarril y el tristemente desaparecido recientemente chalet de Los Magro, con el agua cubriendo todo el terreno que los rodea.

Vista de la Estación de Ferrocarril y el tristemente desaparecido chalet de Magro, con el agua cubriendo todo el terreno que los rodea.

La zona del Ensanche (Ángel Bruna) como un inmenso lago. A la izquierda la residencia de las Siervas de Jesús, y a la derecha, el edificio de Los Catalanes y el hotelito de Peñarroya.

La zona del Ensanche (Ángel Bruna) como un inmenso lago. A la izquierda la residencia de las Siervas de Jesús, y a la derecha, el edificio de Los Catalanes y el hotelito de Peñarroya.

El Ensanche

Otra toma desde el mismo lugar.

Zona del Almarjal, 1919.

Zona del Almarjal, 1919. La laguna de aguas estancadas que se formaba en esta zona era, en ocasiones, foco de epidemias.

Zona del Almarjal, 1919.

Zona del Almarjal, 1919. Al fondo el chalet de Magro y la estación de ferrocarril.

Zona del Almarjal, 1919.

Zona del Almarjal, 1919.

Zona del Almarjal, 1919.

Zona del Almarjal, 1919.

Zona del Almarjal, 1919.

Tras la Muralla de Tierra, el cerro de La Cruz o Despeñaperros y en la cima del Monte Sacro observamos el depósito de agua de la Compañía Inglesa.

Zona del Almarjal, 1919.

En el centro de la imagen la entrada a la calle San Diego, entre los cerros de San José y La Cruz.

"Navegando" por el Almarjal, 1919.

“Navegando” por el Almarjal, 1919.

Zona del Almarjal, 1919.

Zona del Almarjal, 1919. A la derecha el chalet de Magro.

Zona del Almarjal, 1919.

Zona del Almarjal, 1919.

1 de octubre de 1948. Gran inundación en Cartagena. Una imagen del Banco de España muy veneciana.

21 de octubre de 1948. Gran inundación en Cartagena. Una imagen del Banco de España muy veneciana.

Estadio Almarjal, 1954.

Campo de fútbol del Almarjal, 1954.

Los Franciscanos, 1955.

Vista de “Los Franciscanos” en la inundación del 22 de noviembre de 1955.

El Ensanche, 1955.

El Ensanche, 1955. Casa de Corea-Bazán.

Casa de Corea-Bazán, 1955.

Casa de Corea-Bazán, 1955.

Escalinata del Ayuntamiento.

Rescate en la escalinata del Ayuntamiento.

Artículo de: Ángel Rojas Penalva.
Fotos y pies de imagen: Salvador Zamora.