Inundaciones: la borrasca de Santa Catalina

A la extensa y variada tradición sobre un Diluvio Universal sobrevenido en tiempos remotos -se conocen al menos 168 leyendas que relatan o hacen referencia al mismo- suele sumarse la creencia de que otro episodio semejante significará el fin del mundo. El hombre, en su absurdo y reiterado empeño por invadir terrenos que la naturaleza ha previsto para otros fines, no sólo no ha sabido frenar el impacto de las fuertes lluvias sino que ha contribuido a que éstas resulten aún más catastróficas.

29 de septiembre de 1919. Plaza del Ayuntamiento. Conocida como la "Gran Riada", fue la más importante y trágica de las 14 grandes inundaciones sufridas en Cartagena durante el s. XX.

29 de septiembre de 1919. Plaza del Ayuntamiento. Conocida como la “Gran Riada”, fue la más importante y trágica de las 14 grandes inundaciones sufridas en Cartagena durante el s. XX.

Existe en la Comarca de Cartagena una amplia tradición sobre inundaciones, crecidas, riadas y desbordamientos de ramblas y barrancos. Los habitantes del Sureste peninsular, ya desde los tiempos de Mastia o de Testa, vivimos acostumbrados a padecer la ira de Ibero, pastor de los innumerables rebaños de nubes, ríos, lagos y mares.

Quizá la más antigua inundación de la que se tiene conocimiento en Cartagena sea la Riada de Julio Cesar el año 47 a. C. y que afectó a toda la zona que hoy comprende el Campo de Cartagena, el Mar Menor y el Sur de Alicante.

De la oscura Baja Edad Media nos llegan breves referencias a importantes riadas en los años 1143, 1258, 1292, 1356 y 1379.

Plaza del Ayuntamiento, 1919. El agua llegó hasta una altura de 3,2 m. en la calle Real y 3 m. en la calle Carmen y Santa Florentina.

Plaza del Ayuntamiento, 1919. El agua llegó hasta una altura de 3,2 m. en la calle Real y 3 m. en la calle Carmen y Santa Florentina.

Durante el siglo XVI fueron importantes las riadas de San Lucas en 1545 y San Ciriaco en 1558. Pero es en el XVII cuando se producen las peores catástrofes: La Tormenta de Santa Úrsula, el 21 de octubre de 1604, la Riada de San Calixto, el 15 de octubre de 1651, la de San Severo en 1653, las de San Miguel, el 24 de septiembre de 1664, San Patricio en 1672 o Santo Tomás en 1683 son casi anécdotas en comparación con lo que se vivió en Cartagena la noche el 23 al 24 de noviembre de 1694. Quizás nunca se ha sentido tan vivamente en Cartagena la certeza de que, si no el fin del mundo, la desaparición de la ciudad estaba próxima.

Ya el 23 de noviembre el día amaneció oscuro, tenebroso y frío. Desde primeras horas de la mañana el Ave del Viento agitó sus gigantescas alas con enfurecida violencia. Cuentan que el Levante soplaba con tal dureza que las copas de los árboles barrían los suelos. Aquel día los pescadores amarraron sus barcos, recogieron sus pertrechos y encendieron las velas de cera. Los ciudadanos se resguardaron en sus casas, bien trincados puertas y postigos, mientras negruzcos y siniestros nubarrones volaban raudos hacia el Oeste dejando a su paso los primeros chubascos.

Rescate en la calle Mayor, 1919. Las barcas se hicieron imprescindibles en los salvamentos.

Rescate en la calle Mayor, 1919. Las barcas se hicieron imprescindibles en los salvamentos.

Calle Mayor, 1919.

Calle Mayor, 1919.

Recoge Federico Casal en sus “Leyendas, tradiciones y hechos históricos de Cartagena” que caída la tarde Cartagena era una población fantasma: “En las campanas de la vieja Catedral había sonado con lúgubre tañido la hora de la oración, la población desierta, presentaba un fantástico aspecto al cárdeno resplandor de los continuos relámpagos, y bajo el fragor de desgarradores truenos se oía en toda la ciudad el rugir de las embravecidas olas.”

Plaza de Las Monjas, 1919.

Plaza de Las Monjas, 1919.

La mañana del día 24 la tormenta arreció considerablemente. Agua y viento, unidos, arrastraban cuanto aparecía a su paso. Gigantescas olas penetraron en la ciudad a través de la Plaza Mayor inundando las calles Real y Mayor. Por Poniente, en el espacio que hoy ocupa el Arsenal, el mar penetró hasta el Almarjal estallando en elevados chorros al chocar con las aguas que, procedentes de las ramblas, venían a desembocar al mar. En el puerto, los destrozos fueron innumerables. Así lo cuenta Federico Casal: “Las embarcaciones bailaban como débiles plumas sobre las encrespadas olas; dos galeras de la Real Escuadra que en el puerto debían invernar fueron maltratadas brutalmente, perdiendo todos sus pertrechos, velamen y arboladura, y aterrada la chusma que la tripulaba y desobedeciendo a sus jefes, se lanzaron al mar, donde perecieron, siendo imposible toda salvación. El bergantín de S.M. que hacía la carrera de Orán, rompió áncoras y amarras y fue a estrellarse contra las rocas de la montaña que mira la levante (Galeras) y en el Batel fue destruido un vagel puesto en quilla, propiedad de una cartagenero que hacía el corso por nuestras costas”. Los pescadores perdieron todas sus barcas e instalaciones. Muchos edificios de la ciudad sufrieron daños irreparables, entre ellos el Palacio Consistorial y las Casas del Rey.

Finalmente, ante la insistencia de los ruegos y oraciones del pueblo, los santos Fulgencio, Isidoro, Leandro y Florentina intercedieron de alguna forma y la borrasca cesó.

Plaza de Las Monjas, 1919.

Plaza de Las Monjas, 1919.

Dos años más tarde, en 1696, el Cabildo Municipal acordó celebrar anualmente una fiesta de acción de gracias a los Cuatro Santos. Por la mañana habría de celebrarse una misa cantada y por la tarde se sacaría a los Cuatro Santos en procesión por la ciudad. Hoy, más de trescientos años después, continua celebrándose cada 24 de noviembre una función votiva en agradecimiento a los santos que socorrieron la ciudad.

Durante el siglo XVIII, con especial intensidad entre los años 1726 y 1741, se repiten con regularidad inundaciones, riadas, avenidas y desbordamientos.

Calle Mayor, 1919.

Calle Mayor, 1919.

López Bermúdez (“Inundaciones catastróficas, precipitaciones torrenciales y erosión en la provincia de Murcia”) Arévalo (“Relación de grandes inundaciones en la provincia de Murcia”) y Torres Fontes (“Inundaciones en Murcia”) recuerdan importantes riadas de los años 1802, 1828, 1830, 1831, 1834, 1838, 1846, 1860, 1879, 1884 y 1891.

Plaza del Rey, 1919.

Plaza del Rey, 1919.

El 30 de abril de 1802 la tormenta se hizo sentir con furia en Cartagena, pero peor fue la rotura del embalse de Puentes en Lorca, con la muerte de 608 personas y la pérdida de 700 hectáreas cultivadas.

El 11 de junio de 1830 la Riada de San Bernabé inundó completamente el Campo de Cartagena, anegó el Almarjal y desbordó la Rambla de Benipila haciendo saltar sus aguas por encima del puente de La Concepción.

Fonda Francesa,1919.

Fonda Francesa, calle Mayor, 1919.

La tormenta del 29 de noviembre de 1834 se sintió en todo Levante, pero afectó especialmente a la ciudad de Cartagena El desbordamiento de las ramblas de Benipila y Santa Lucía permitió que el agua invadiera la zona del Almarjal y las calles Real, del Carmen, Puerta de Murcia y Mayor.

El agua alcanzó 11 metros de altura sobre el nivel del mar en Cartagena el día 29 de septiembre de 1843. El 15 de octubre de 1879 la riada de Santa Teresa provocó graves daños en Cartagena pero afectó mayormente a Murcia, Lorca y toda la Vega Baja. Hubo 777 muertos y se perdieron 24.000 hectáreas de cultivo. A la Riada de los 30 Días en enero de 1881 siguieron la de septiembre del mismo año, la de los 43 Días en 1890 y la de San Jacinto en septiembre de 1891.

Puerta de Murcia, 1919.

La Puerta de Murcia inundada. En el centro, el Palacio Pedreño “navega” entre las calles Sagasta y Carmen.

Varios autores recogen las riadas de San Aniceto, el 27 de junio de 1900, la de 1906 con el desbordamiento el día 5 de septiembre de las ramblas de Benipila y del Hondón, y la Riada de San Miguel el 29 de septiembre de 1919. “Avenidas fluviales e inundaciones en la cuenca del Mediterráneo”

Puerta de Murcia, 1919.

Puerta de Murcia, 1919.

El diario El Eco de Cartagena contaba en octubre de 1919 que aquel día 29 “la lluvia había comenzado a caer sobre las siete de la tarde” y que gran parte de Cartagena quedó inundada por el agua que llegó a rebasar los dos metros y medio de altura en las calles Jabonerías, Conducto, Puertas de Murcia y Real. Según el diario La Tierra el agua alcanzó “hasta la mitad de la altura de las columnas del Ayuntamiento”, al que no fue posible acceder hasta 8 días después. Todos los comercios de las calles del Carmen, Puertas de Murcia y Mayor quedaron arrasados y la tromba de agua hizo que se formaran dos amplios lagos en el Almarjal y en El Hondón. Tanto el Eco como La Tierra culparon de la catástrofe a la administración municipal. La edificación sobre la rambla de la Anguililla, cauce natural que cruzaba el Almarjal de Levante a Poniente e iba a confluir con la Rambla de Benipila para desembocar en la Algameca, y el vertido de los escombros de un cuartel en la misma rambla, fueron según la prensa local causa de la muerte de 22 personas, la destrucción de numeroso arbolado e importantes cosechas, la desaparición de ganado y otras desgracias menores.

Paseo de Alfonso XII, 1919.

Paseo de Alfonso XII, 1919.

La Tormenta de San Quintín el 31 de octubre de 1923, la del 21 de octubre de 1948, la del 13 de noviembre de 1953, o las todavía frescas en la memoria de los cartageneros del 20 de octubre de 1972 y del 14 de octubre de 1973 en la que perecieron 200 personas tras el fuerte temporal que azotó a las regiones de Murcia, Almería y Granada, no serán, sin duda, las últimas que habremos de lamentar.

Calle Carmen y Plaza de España, 1919.

Calle Carmen y Plaza de España, 1919.

La fuerza del agua hizo volcar hasta los tranvías.

La fuerza del agua hizo volcar hasta los tranvías.

Calle del Carmen, 1919.

Calle del Carmen, 1919.

Calle Ángel Bruna, 1919.

Calle Ángel Bruna, 1919. En primer plano el edificio de las Siervas de Jesús.

Vista de la Estación de Ferrocarril y el tristemente desaparecido recientemente chalet de Los Magro, con el agua cubriendo todo el terreno que los rodea.

Vista de la Estación de Ferrocarril y el tristemente desaparecido chalet de Magro, con el agua cubriendo todo el terreno que los rodea.

La zona del Ensanche (Ángel Bruna) como un inmenso lago. A la izquierda la residencia de las Siervas de Jesús, y a la derecha, el edificio de Los Catalanes y el hotelito de Peñarroya.

La zona del Ensanche (Ángel Bruna) como un inmenso lago. A la izquierda la residencia de las Siervas de Jesús, y a la derecha, el edificio de Los Catalanes y el hotelito de Peñarroya.

El Ensanche

Otra toma desde el mismo lugar.

Zona del Almarjal, 1919.

Zona del Almarjal, 1919. La laguna de aguas estancadas que se formaba en esta zona era, en ocasiones, foco de epidemias.

Zona del Almarjal, 1919.

Zona del Almarjal, 1919. Al fondo el chalet de Magro y la estación de ferrocarril.

Zona del Almarjal, 1919.

Zona del Almarjal, 1919.

Zona del Almarjal, 1919.

Zona del Almarjal, 1919.

Zona del Almarjal, 1919.

Tras la Muralla de Tierra, el cerro de La Cruz o Despeñaperros y en la cima del Monte Sacro observamos el depósito de agua de la Compañía Inglesa.

Zona del Almarjal, 1919.

En el centro de la imagen la entrada a la calle San Diego, entre los cerros de San José y La Cruz.

"Navegando" por el Almarjal, 1919.

“Navegando” por el Almarjal, 1919.

Zona del Almarjal, 1919.

Zona del Almarjal, 1919. A la derecha el chalet de Magro.

Zona del Almarjal, 1919.

Zona del Almarjal, 1919.

1 de octubre de 1948. Gran inundación en Cartagena. Una imagen del Banco de España muy veneciana.

21 de octubre de 1948. Gran inundación en Cartagena. Una imagen del Banco de España muy veneciana.

Estadio Almarjal, 1954.

Campo de fútbol del Almarjal, 1954.

Los Franciscanos, 1955.

Vista de “Los Franciscanos” en la inundación del 22 de noviembre de 1955.

El Ensanche, 1955.

El Ensanche, 1955. Casa de Corea-Bazán.

Casa de Corea-Bazán, 1955.

Casa de Corea-Bazán, 1955.

Escalinata del Ayuntamiento.

Rescate en la escalinata del Ayuntamiento.

Artículo de: Ángel Rojas Penalva.
Fotos y pies de imagen: Salvador Zamora.

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Los tranvías

Los tranvías surgieron en Cartagena para satisfacer a los residentes de los barrios que cada vez, con más asiduidad, necesitaban desplazarse al centro, ya fuera por razones laborales o por ocio. Empezaron a funcionar a partir de 1882, aunque anteriormente ya existía uno a vapor, el de Cartagena a La Unión que comunicaba diversas zonas mineras. También, en 1876, Carlos Anglada solicitó al Ayuntamiento la instalación del tranvía en el casco urbano, siendo denegada por temor a los “peligros de la modernidad”. Hubo que esperar seis años más, a 1882. En esas fechas ya atravesaban la ciudad desde la Puerta de Murcia a la calle del Duque, unos raíles para el tranvía de tracción a sangre, que así se llamaba el tirado por mulas. Enseguida se instaló una segunda línea, la de Diego Canovas García, para quien el arquitecto Tomás Rico proyectó en 1892 los almacenes de San Antonio Abad (San Antón).

Billete de tranvía (24x70 mm.) Estos billetes eran impresos en San Sebastián, tenía un valor de 15 cts. y como indica la "D" en rojo, hacía el recorrido de Cartagena a Los Dolores. “Conserve este billete hasta el final del viaje”

Billete de tranvía (24×70 mm.) Estos billetes eran impresos en San Sebastián, tenía un valor de 15 cts. y como indica la “D” en rojo, hacía el recorrido de Cartagena a Los Dolores. “Conserve este billete hasta el final del viaje”

En noviembre de 1892, se presentó un proyecto de circunvalación realizado por José A. de Torres Noguera: de la Plaza del Ayuntamiento partiría un tranvía por la calle Real y otro por las Puertas del Muelle, cruzándose en las Puertas de Madrid y haciendo un recorrido total de 3 Km.

El tranvía a su paso por la Puerta de Murcia dirección a San Antón. En el centro el Banco de España (Palacio Pedreño)

El tranvía a su paso por la Puerta de Murcia dirección a San Antón. En el centro el Banco de España (Palacio Pedreño)

En enero de 1893, se abrió la línea que unía San Antón con Los Dolores. Poco después, los barrios más alejados del centro empezaron a solicitar el servicio y en 1894 se aprobó el proyecto para unir la ciudad con Los Molinos (Barrio Peral). Llegando a este barrio, a la altura de La Puyola, se añadía el encuarte o caballería de refuerzo para subir la cuesta, llegaba a la calle de la botica, cruzaba la línea del ferrocarril y se dirigía a San Antón por el ramal de la calle Pedro Díaz.

Tranvía a sangre pasando por la Alameda de San Antón

Tranvía de tracción a sangre circulando por la Alameda de San Antón

En 1898, se creó la compañía belga “Tramways de Carthagène Societé Anonyme Belge”, representada en España por Joaquín Díaz Zapata, empresario de electricidad conocido en Cartagena por sus ideas para la instalación y suministro de luz a particulares. En diciembre de este mismo año presentó el proyecto de la línea Puertas de Madrid a Los Molinos, siéndole aprobado en mayo de 1899. Para entonces la tarifa del tranvía era de 10 céntimos.

Acciones de la compañía belga “Tramways de Carthagène”

Acciones de la compañía belga “Tramways de Carthagène”

El 31 de marzo de 1900, se inauguró la línea directa del tranvía Puerta de Murcia a Los Molinos, con un coche nuevo tirado por cinco mulas y haciendo el recorrido sin paradas en 16 minutos. Regresó a la ciudad por la nueva ampliación de la línea que pasaba por la calle Jabonerías.

1901. Tranvía de mulas en la Puerta de Murcia.

1901. Tranvía de mulas en la Puerta de Murcia.

Felipe García Mauriño y del Valle, fue nombrado nuevo delegado de la compañía “Tramways de Carthagène Societé Anonyme Belge”, conocida como “Tranvías Reunidos” o “Tranvías de Cartagena”. El 10 de junio de 1905, siendo Alcalde de Cartagena D. Juan Sánchez Doménech, la compañía recibió la autorización para la explotación de una línea eléctrica de tranvías, lo cual supuso un gran avance social.

Entre 1905 y 1907 el tranvía de tracción a sangre fue sustituido por el eléctrico. Para entonces las líneas que controlaba la compañía “Tranvías de Cartagena” alcanzaban los 5 Km. en dirección a Los Dolores y otros 3 Km. hacia Los Molinos.

Cocheras de San Antón

El ingeniero Leopoldo Detaille y empleados del tranvía posando a la entrada de las cocheras de San Antón.

Fotografía sobre cartón  que estuvo decorando las oficinas de la Central. En primer lugar están los dos ingenieros belgas que dirigieron la instalación de la tracción eléctrica, Paul Samuel y Leopoldo Detaille. Colección Familia Peña. Retocada

Fotografía que estuvo decorando las oficinas de la Central. En primer lugar están los dos ingenieros belgas que dirigieron la instalación de la tracción eléctrica, Paul Samuel y Leopoldo Detaille.

Tranvía a Los Molinos.

Tranvía a Los Molinos.

La Subida de San Diego tuvo mucha vida gracias al tranvía. Esta cuesta era muy ardua para los animales que tiraban de los carros e incluso para los tranvías, por lo que tuvo que ser suavizada bajando el nivel del suelo. 1909

1909. La Subida de San Diego tuvo mucha vida gracias al tranvía. Esta cuesta era muy ardua para los animales que tiraban de los carros e incluso para los tranvías, por lo que tuvo que ser suavizada bajando el nivel del suelo.

Otra imagen de la Subida de San Diego.

Otra imagen de la Subida de San Diego.

1909. El tranvía de Los Dolores a su paso por la calle del Carmen.

1909. El tranvía de Los Dolores a su paso por la calle del Carmen.

En septiembre de 1919, dicha empresa decidió aumentar sus tarifas en 0,05 céntimos por viaje y marcó nuevos horarios argumentando las grandes pérdidas económicas sufridas a causa de la Gran Guerra.

A partir de entonces se empezaron a suceder, durante mucho tiempo, las protestas hacia los tranvías, por los adoquines sueltos, la falta de higiene en los coches, el exceso de viajeros, la subida de tarifas, etc. En 1922, debido a las quejas de los usuarios, los concejales residentes en los barrios requirieron que se abriera una investigación, quedando patente las irregularidades del servicio y las deficientes instalaciones, muestra de la falta de inversión de la compañía durante los últimos años. Se pudo apreciar la falta de mantenimiento técnico en detalles como las graves deficiencias en cojinetes, aislamientos e incluso desigualdades en el diámetro de las ruedas.

A partir de 1924, el automóvil, como servicio de viajeros, supuso una dura competencia para el resto de transportes, y los tranvías no iban a ser menos. Para no perder clientela, la compañía belga realizó una fuerte inversión prometiendo la importación de 5 o 6 coches nuevos procedentes de Bélgica y el estudio para la creación de un nuevo trazado a Los Barreros. A finales de 1926 se modificó la línea de Santa Lucía y en el interior de la urbe se rectificaba para que atravesara la calle Maestranza.

En 1931, la empresa de tranvía de La Unión se ve forzada a cerrar por sus cuantiosas pérdidas por falta de uso.

El tranvía a Santa Lucía a su paso por las Puertas de San José.

El tranvía a Santa Lucía a su paso por las Puertas de San José.

Otra instantánea tomada en el mismo lugar.

Otra instantánea tomada en el mismo lugar.

En la Puerta de Murcia se cruzaban todas la líneas y existió un bar llamado “El Café del Tranvía”, donde los viajeros esperaban la llegada de su vehículo. De allí partía el tranvía hacia Santa Lucía, pasaba por la calle Honda, glorieta San Francisco (lado oeste), calle San Francisco, Duque, plaza de la Merced, San Diego, avenida Trovero Marín, Paseo Delicias, calle Santiago y la glorieta donde se daba la vuelta al trole. Partía uno cada 15 minutos y costaba 10 cts. el trayecto completo; 5 cts si te apeabas en las Puertas de San José.

Eran grandes armatostes amarillos, o azules cuando pasaron los años, que circulaban a unas velocidades temerarias por las angostas y adoquinadas calles cartageneras. Algunos de ellos se trajeron de Murcia y, por un ligero desajuste con las vías, chirriaban como condenados. Cuando bajaban rápidos por una recta daban la impresión de que iban a desarmarse.

Vertiginosos tranvías con su trole, estribo, la cadena, los letreros “Charleroi” (por lo de la compañía belga), la arena para evitar patinazos y aquel métele el paralelo para animarles a correr.

Vertiginosos tranvías con su trole, estribo, la cadena, los letreros “Charleroi” (por lo de la compañía belga), la arena para evitar patinazos y aquel métele el paralelo para animarles a correr.

Puerta de Murcia.

Puerta de Murcia.

Tranvía por la calle Del Carmen.

Tranvía por la calle Del Carmen.

El tranvía de Santa Lucía llegando a la Plaza de la Constitución.

El tranvía de Santa Lucía llegando a la Plaza de la Constitución.

Los viajeros preferían los tranvías de bancos longitudinales que les permitían el vis a vis y la tertulia, la cual se alargaría si el tranvía descarrilaba y había que seguir el viaje a pie, algo bastante habitual. Podríamos decir, que a pesar de su lado malo, que era su vejez y por ello su mal funcionamiento, tenía una cara buena: favorecía la sociabilidad por aquello de que los sufrimientos comunes unen a la gente.

Fotografía tomada entre la calle Carmen y la actual Plaza de España, apenas se retiraban las aguas de la inundación de 1919. Se observa en primer plano el tranvía descarrilado que iba a mi barrio, y como no, el ambiente "festivo" de la escena.

Fotografía tomada entre la calle Carmen y la actual Plaza de España, apenas se retiraban las aguas de la inundación de 1919. Se observa en primer plano el tranvía descarrilado que iba a mi barrio, y como no, el ambiente “festivo” de la escena.

Otra imagen, la misma situación.

Otra imagen, la misma situación.

En verano prestaban servicio las jardineras, que tenían unos pequeños estribos entre departamento y departamento por donde, en marcha, pasaban los revisores con una soltura profesional que maravillaba al personal.

Avisando con una hora de antelación, se podía alquilar todo un coche por 15 ptas un viaje entero de día, y 20 ptas si era de noche.

Tranvía de Santa Lucía.

Tranvía de Santa Lucía.

Existían 3 revisores, 9 conductores de plazas y 8 suplentes; 4 encuartes, 5 limpiavías y 1 ordenanza. El servicio de cuadra lo integraban 1 jefe, 4 mozos, 1 carretero y 1 talabartero.

Anverso y reverso de Tarjeta de Empleado de Tranvías perteneciente al conductor Enrique Escarabajal Salinas.

Anverso y reverso de Tarjeta de Empleado de Tranvías perteneciente al conductor Enrique Escarabajal Salinas.

Un inspector o revisor mítico era Isaac Moisés Oliver, conocido por Moisés, vestido de pana datilada, de gran mostacho y con aspecto de general salido de la guerra franco-prusiana, como describía Isidoro Valverde. Seguía contando que cuando los niños se agarraban a los topes de la jardinera, Moisés trataba de agarrarlos sin conseguirlo. Moisés les ha hecho razonables consideraciones, pero los niños no han desistido de su empeño. Moisés, feroz por fuera y derrochando ternura por dentro, les ha escupido casi simbólicamente y les ha dicho con voz terrible: “¡Ya estáis envenenados! ¡Esta noche moriréis!” Y los niños se han bajado inmediatamente como impulsados por un resorte y quedándose pensativos.

Nuevas aventuras con el tranvía del Barrio Peral, ahora la inundación de 1955.

Nuevas aventuras con el tranvía del Barrio Peral, ahora la inundación de 1955.

En 1933, Federico Casal nos cuenta que las cocheras, talleres, fábrica de fluido y oficinas se encontraban en la calle Ángel Rizo del barrio de San Antón, y el número de teléfono era el 44.

Tranvía del Bario Peral.

Tranvía del Bario Peral.

Según José Sanmartín Cervantes, que fue uno de los cobradores, en 1959 los tranvías dejaron de funcionar. Es cierto que los usuarios estaban hartos de tranvías, pero no lo es menos que lamentarían su extinción.

1942. La Plaza de San Ginés en los últimos años del tránsito en tranvía. En la fotografía aparece la tienda Viñas y Navarro y la farmacia de Oliva Llamusí.

1942. La Plaza de San Ginés en los últimos años del tránsito en tranvía. En la fotografía aparece la tienda Viñas y Navarro y la farmacia de Oliva Llamusí.

1952. Un tranvía  recorre la calle Del Duque recién pavimentada.

1952. Un tranvía recorre la calle Del Duque recién pavimentada.

1958. La motriz nº 10 en la Alameda. Se anuncia que en el Teatro Circo ponían las películas “Trapecio” y “Sinfonía en oro”

9 de junio de 1957. En la línea al Barrio de Peral había un apartadero de cruce a la altura de donde está actualmente el Club de Cabos. Los tranvías nº 5 y nº 8 van a cruzarse. El 8 lleva un ciclista enganchado.

Diapositiva proyectada en los cines durante los descansos.

Diapositiva proyectada en los cines durante los descansos.

Monumento a los Héroes de Cuba y Cavite

15 de febrero de 1898. Un hecho, aparentemente fortuito, cambiará el curso de la guerra independentista entre España y sus colonias de Cuba y Filipinas. En el puerto de La Habana estalla el crucero Maine de la Armada Norteamericana. España es culpada del suceso por los Estados Unidos que, aliándose con Cuba, se enfrentan a ella. Cartagena, apenas recuperada de la destrucción cantonal, ve partir por su puerto a los hijos de su Región.

El 9 de noviembre de 1923, se inaugura en Cartagena un monumento, erigido por suscripción popular, para honrar la memoria de los héroes de Santiago de Cuba y Cavite.

A la inauguración acuden el Jefe de Gobierno, general Primo de Rivera, junto a SS.MM. los Reyes de España Alfonso XIII y Dª. Victoria.

Inauguración. 1923.

Inauguración el 9 de noviembre de 1923. El general Primo de Rivera, junto a SS.MM. los Reyes de España Alfonso XIII y Dª. Victoria.

Inauguración el 9 de noviembre de 1923.

Inauguración el 9 de noviembre de 1923.

Las Autoridades delante del monumento el día de su inauguración.

Las Autoridades delante del monumento el día de su inauguración.

El monumento, obra del escultor asturiano Julio González Pola, posee unas dimensiones de 15 metros de altura sobre una base de 8 m², y su composición de materiales varía entre piedra marmórea, mármol negro y bronce.

El obelisco presenta en dos frentes contrapuestos la personificación de la Gloria como una mujer presentando unas coronas florales a los mártires y el escudo de España, bajo el que figura la inscripción: «A los heroicos marinos de Cavite y Santiago de Cuba, 1898. Honor a las escuadras de Cervera y Montojo». También en mármol encontramos los nombres de los oficiales que fallecieron durante aquellas batallas.

En la base del monumento encontramos el conjunto escultórico propiamente dicho, dividido en dos partes: en una, un marinero permanece en pie con un fusil con la cabeza erguida en actitud desafiante y en defensa de sus compañeros muertos, un oficial sobre el cañón, manteniendo su mano sobre la bandera del barco; otro marinero que cae en el momento de preparación de la carga y por último de otro marino que yace sobre lo que representa la cubierta de la nave. Las figuras del otro grupo parecen atentas a la Patria, representada como una mujer que guía a los soldados extendiendo su brazo izquierdo y dejando su mano derecha sobre el marino, significando esto la disciplina y obediencia, a la vez que en el oficial a su lado se ha querido ver la conciencia del deber.

El monumento se levanta en la que se llamaba Glorieta de Don Francisco Albacete. Era alcalde de la ciudad Don Alfonso Torres López.

El monumento se levanta en la que se llamaba Glorieta de Don Francisco Albacete. Era alcalde de la ciudad Don Alfonso Torres López.

Aspecto de la plaza en los años de 1930. A la izquierda se ve el Club de Regatas y en el centro el Edificio de Aduanas.

Aspecto de la plaza en los años de 1930. A la izquierda se ve el Club de Regatas y en el centro el Edificio de Aduanas.

19 de marzo de 1939. Nieve en la Plaza de los Héroes de Cavite.

19 de marzo de 1939. Nieve en la Plaza de los Héroes de Cavite.

Héroes de Cavite

Desfile militar.

Héroes de Cavite

Al fondo, a la izquierda, podemos ver las puertas de entrada del antiguo muelle comercial.

Héroes de Cavite

Vista aérea de la plaza.

Héroes de Cavite

Un domingo de paseo en los años 60.

Héroes de Cavite

El monumento y al fondo el Ayuntamiento, la Catedral de Santa María La Vieja y el edificio del Gobierno Militar.

Una bella toma del monumento.

Una bella toma del monumento.

Héroes de Cavite

En esta imagen destacamos el Submarino Peral y el Restaurante Mare Nostrum en su primera ubicación.

Héroes de Cavite

Otra vista de los jardines que rodean al monumento.

Años 80.

Con el transcurso de los años el monumento sufrió diversos daños, por lo que se procedió a su restauración. En una de esas rehabilitaciones se sustituyeron las figuras que eran en piedra por otras realizadas en bronce.

Remodelación

Remodelación del monumento.

HeroesdeCavite1980

Noticia en el diario sobre el vandalismo que sufren las esculturas.

Héroes de Cavite

Años 90.

Héroes de Cavite en la actualidad

La Plaza de los Héroes de Cavite en la actualidad.

Imágenes de las flotas a las que alude el monumento

El 1 de mayo y el 3 de julio de 1.898, las débiles flotas mandadas por Don Patricio Montoro y Don Pascual Cervera, respectivamente, sucumbieron en aguas de Cavite la primera y de Santiago de Cuba la segunda, en desigual combate contra buques norteamericanos.

En Cavite se contaba con 7 buques, entre los que se encontraban el crucero de 1ª clase Reina Cristina (insignia de Montojo), los cruceros de 2ª clase Isla de Cuba, Isla de Luzón, Castilla, Don Antonio Ulloa, Don Juan de Austria, y el Velasco.

El "Reina Cristina", crucero de 1ª clase construido en El Ferrol en 1887. Buque insignia de la flota española en Filipinas. Abajo a la izquierda una imagen del combate naval y a la derecha el buque hundido.

El “Reina Cristina”, crucero de 1ª clase construido en El Ferrol en 1887. Buque insignia de la flota española en Filipinas.

El "Reina Cristina", crucero de 1ª clase construido en El Ferrol en 1887. Buque insignia de la flota española en Filipinas. Abajo a la izquierda una imagen del combate naval y a la derecha el buque hundido.

El buque “Reina Cristina” hundido.

El crucero de 2º clase “Isla de Cuba”. Hundido en Manila en 1898.

El crucero de 2º clase “Isla de Luzón”. Hundido en Manila en 1898 y reflotado después, al igual que el “Isla de Cuba” por Estados Unidos.

El "Castilla". El único crucero de madera que participó en la batalla.

El “Castilla”. El único crucero de madera que participó en la batalla.

Imagen tomada del crucero "Don Antonio Ulloa" despúes de la batalla.

Imagen tomada del crucero “Don Antonio Ulloa” despúes de la batalla.

El crucero de 2ª clase "Velasco"

El crucero de 2ª clase “Velasco”

En Cuba, el almirante Don Pascual Cervera dirigía la flota de los cruceros acorazados Vizcaya, Almirante Oquendo, Infanta María Teresa y Cristóbal Colón, y los destructores contra-torpederos Plutón, Furor y Terror.

El crucero acorazado "Vizcaya". A la izquierda pueden apreciarse 3 grandes agujeros en su casco, la torre de 11", ha sido arrancada por una explosión, y el puente de navegación de madera ha desparecido.

El crucero acorazado “Vizcaya”

El crucero acorazado "Vizcaya". A la izquierda pueden apreciarse 3 grandes agujeros en su casco, la torre de 11", ha sido arrancada por una explosión, y el puente de navegación de madera ha desparecido.

En esta otra fotografía del “Vizcaya” pueden apreciarse 3 grandes agujeros en su casco, la torre de 11″ ha sido arrancada por una explosión y el puente de navegación de madera ha desparecido.

El crucero acorazado "Almirante Oquendo". A la derecha podemos verlo embarrancado y aún ardiendo.

El crucero acorazado “Almirante Oquendo”

El crucero acorazado "Almirante Oquendo". A la derecha podemos verlo embarrancado y aún ardiendo.

El crucero acorazado “Almirante Oquendo”

Eucaristía en el "Almirante Oquendo"

Eucaristía en el “Almirante Oquendo”

Ejército de fusileros del "Almirante Oquendo"

Ejército de fusileros del “Almirante Oquendo”

El crucero acorazado "Almirante Oquendo". A la derecha podemos verlo embarrancado y aún ardiendo.

El crucero acorazado “Almirante Oquendo” embarrancado y aún ardiendo.

El buque insignia del Almirante Cervera, el crucero acorazado "Infanta María Teresa"

El buque insignia del Almirante Cervera, el crucero acorazado “Infanta María Teresa”

Crucero acorazado "Cristóbal Colón". Aunque estaba a falta de sus cañones principales de 10" formó parte de la escuadrilla de Cervera. Abajo vemos una fotografía de los oficiales del "Cristóbal Colón".

Crucero acorazado “Cristóbal Colón”. Aunque estaba a falta de sus cañones principales de 10″ formó parte de la escuadrilla de Cervera.

Crucero acorazado "Cristóbal Colón". Aunque estaba a falta de sus cañones principales de 10" formó parte de la escuadrilla de Cervera. Abajo vemos una fotografía de los oficiales del "Cristóbal Colón".

Una fotografía de los oficiales del “Cristóbal Colón”.

Crucero acorazado "Cristóbal Colón". Aunque estaba a falta de sus cañones principales de 10" formó parte de la escuadrilla de Cervera. Abajo vemos una fotografía de los oficiales del "Cristóbal Colón".

Marinos en cubierta del crucero acorazado “Cristóbal Colón”

Fotografía del destructor contra-torpedero "Furor"

Fotografía del destructor contra-torpedero “Furor”

Para más información sobre las Guerras de Cuba y Cavite puedes visitar estos enlaces:

Revista Puerta del Sol
Batalla de Cavite
Suplementos Libertad Digital

La botica de la calle Mayor

Seguro que la mayoría de los cartageneros, al pasar por la calle Mayor, nos habremos fijado en los edificios derribados que hacen esquina con la calle Medieras, y aún más en unas restos descubiertos en el interior de lo que antes era una farmacia, destacando un gran aljibe de la primera mitad del siglo XIX. Para los interesados en este lugar, les narraré algunos retazos de su historia.

Restos encontrados en el solar.

Restos encontrados en el solar.

Situado en la parcela que hoy es manzana de la calle Mayor, Medieras, Aire y plaza San Sebastián, se encontraba el convento de Santo Domingo, fundado en 1580 por predicadores dominicos bajo la advocación a San Isidoro. El modesto convento se mandaría derribar para la posterior venta del solar, siguiendo el plan de Desamortización de Mendizábal. Este plan se basaba en un Real Decreto supresor de conventos y casas religiosas, firmado por la reina Isabel II el 25 de julio de 1835.

Don Benito Pico, en una parcela del solar comprada por su padre y que hace esquina con la calle Mayor y Medieras, construyó una botica para su hijo Eduardo Pico y Bres. Éste nació en Cartagena el 29 de agosto de 1829 y recibió su doctorado en Farmacia por la Universidad Central de Madrid el 20 de abril de 1855. En 1856 ya estará al mando de su recién estrenada botica.

Eduardo Pico y Bres.

Eduardo Pico y Bres.

Eduardo Pico y Bres.La enorme personalidad de Eduardo Pico y Bres imprimió carácter a la casa. Hasta su muerte, en 1902, no hubo acontecimiento, exposición, epidemia, plaga, empresa humanitaria, etc., donde no estuviera activamente presente. En plena juventud y con grandes inquietudes, estaba dispuesto a hacer de su rebotica el centro neurálgico de todos los nervios políticos y artísticos de la ciudad.

Su proyección intelectual derivó por varios frentes. Por un lado, la cartagenerísima “Sociedad de los Burros”. Más allá, una preocupación política, que le llevó a jugarse la vida en conjuraciones. Después, la inquietud artística por la que dará a conocer a los cartageneros al gran Ussel de Guimbarda y tomará contacto con el poeta Monroy. También, su actividad municipal en épocas muy difíciles para la ciudad (consecuencias cantonales, epidemias, plagas, etc.). Y por último, una dedicación espiritual y material al cementerio de Ntra. Sra. de los Remedios, a la Cruz Roja y al Santo Hospital e Iglesia de la Caridad.

Fue un entusiasta progresista, enamorado de las ideas liberales, cuya farmacia sirvió de centro principal para la conspiración política cartagenera. Allí se forjaban órdenes que, de haber sido públicas, costarían la libertad o la vida a quienes las recibían o las daban. Allí concurría Olozaga y estuvo disfrazado, en una noche memorable, el inolvidable general Prim. También pasaron Manuel Ruiz Zorrilla, Gaminde, Milans del Bosch y cuantos progresistas importantes visitaron Cartagena para preparar el alzamiento contra el decadente régimen monárquico. Tal fue la importancia de la botica clandestina que como resultado del alzamiento triunfó la Revolución del 68, “La Gloriosa”, que acabó con el destronamiento y exilio de Isabel II y la instauración de una monarquía constitucional.

También allí, Prim, Zorrilla y sus ilustres acompañantes expusieron sus planes para el desarrollo de los principios que más tarde se verían reflejados en las leyes democráticas que forman la Constitución Española de 1869.

El general Juan Prim i Prats, destacado militar y político, defensor de la monarquía constitucional, propuso a Amadeo de Saboya al trono, ocupó el Ministerio de la Guerra y fue Presidente del Gobierno tras la Revolución del 68. Asesinado en Madrid en 1870.

El general Juan Prim i Prats, destacado militar y político, defensor de la monarquía constitucional, propuso a Amadeo de Saboya al trono, ocupó el Ministerio de la Guerra y fue Presidente del Gobierno tras la Revolución del 68. Asesinado en Madrid en 1870.

Manuel Ruiz Zorrilla (izq.), fue designado presidente de las Cortes constituyentes y proclamó a Amadeo I de Saboya (dcha.) como nuevo rey.

Manuel Ruiz Zorrilla (izq.), fue designado presidente de las Cortes constituyentes y proclamó a Amadeo I de Saboya (dcha.) como nuevo rey.

De la botica salieron los componentes de la Junta revolucionaria que ejerció la autoridad tras el triunfo de la Revolución.

Eduardo Pico y Bres, junto a José Mª Vera, Tomás Ametller, Andrés Pedreño y el arquitecto Carlos Manchas entre otros, se presentó en el Ayuntamiento proponiendo la construcción de un cementerio municipal con el nombre de Ntra. Sra. de los Remedios, para lo cual se comprometen a facilitar los fondos necesarios sin ningún interés. Por lo tanto, podemos decir que el cartagenero cementerio es producto de los progresistas, y su habilitación, uno de los más importantes acuerdos tomados por la Junta de Cartagena, presidida por Prefumo.

El 1 de enero de 1875, la farmacia pasa a Simón Higinio Martí y Pagán, hijo de Simón Martí (conspirador y tertuliano con Pico). La farmacia vuelve otra vez a manos de Eduardo Pico tras la muerte de Simón Higinio Martí en 1886. Don Eduardo se haría cargo de ella hasta abril de 1902, que pasaría a Agustín Malo de Molina y Pico, su sobrino.

La farmacia en 1920. Fotografía de Agustín Malo de Molina.

La farmacia en 1920. Fotografía de Agustín Malo de Molina.

La farmacia, propiedad de Mª Dolores Ros, en 1993.

La farmacia, propiedad de Mª Dolores Ros, en 1993.

El 1 de mayo de 1922, Agustín Malo de Molina y Pico la arrendaría a Agustín Merck y Bañón, y en 1932 pasaría a Manuel Malo de Molina. Fallecido éste en 1971, su oficina de farmacia fue, por poco tiempo, de la Sra. Viuda de Malo de Molina.

Huérfana la botica, fueron muchos la que la rondaron, pasando finalmente a manos de la Lda. Dª María Dolores Ros, su última propietaria.

Aún sobrevivían las arábicas estructuras que daban acceso a la histórica rebotica.

Aún sobrevivían las arábicas estructuras que daban acceso a la histórica rebotica.

Interiores

Interiores

Botamen

Botamen

Detalle del fresco realizado en el techo por Ussel de Guimbarda que representa al antiguo médico griego, Galeno, precursor de la medicina moderna.

Detalle del fresco realizado en el techo por Ussel de Guimbarda que representa al antiguo médico griego, Galeno, precursor de la medicina moderna.

Para finalizar reproduzco el último párrafo del libro “La botica de la Calle Mayor de Cartagena”, escrito por José Guillermo Merck-Luengo en 1994, y que me llevan a evocar, con melancolía, aquella botica sencilla y grande en nuestra historia: “Cuando nos alejábamos de la Farmacia, vimos en la puerta del establecimiento, a la hija de la titular, una linda adolescente, y me imaginé a los entrañables fantasmas de la Botica rodeando a la chiquilla y comentando alborozados su grata presencia. Estoy seguro que las figuras y figurones de nuestra pequeña historia se llevaron, ante la joven generación, una gran alegría: La vigencia y continuidad de la memorable Farmacia de la Calle Mayor de Cartagena estaba gozosamente garantizada”.

La Feria de Verano en el paseo Alfonso XII

En 1874, Cartagena obtuvo la autorización de terraplenar y ganar terreno al mar para la construcción del nuevo muelle, que finalizado en sólo tres años, sería inaugurado por Alfonso XII.

Año 1890. Terminación de la primera fase.

Año 1890. Terminación de la primera fase.

De cara al mar se encontraba el muelle comercial, con sus tinglados, vías, andenes y ferrocarriles. Paralelo al muelle quedaba un paseo que se denominó Paseo de Alfonso XII (llamado de La Libertad durante la 2ª República) o Paseo del Muelle, como coloquialmente se le conoce.

Tinglados, vías y vapores en el nuevo muelle comercial.

Tinglados, vías y vapores en el nuevo muelle comercial.

En el paseo tenían representación los grandes bares y cafés de la calle Mayor. Para el periodo estival se levantaban teatros de madera, como el instalado en 1888, llamado Circo de la Riba; el barracón “Cinematógrafo Oriental”, propiedad de los Hnos. García Molero, precursores del cine en Cartagena; o “El Brillante”, propiedad de Cánovas y Valero, donde llegaron a actuar estrellas de la época como la Bella Chelito y Amalia Molina.

Vistas del Paseo de Alfonso XII .

Vistas del Paseo de Alfonso XII y el Ayuntamiento.

Vista del Paseo de Alfonso XII. Como fondo la muralla y el edificio de Intendencia.

Vista del Paseo de Alfonso XII. Como fondo la muralla y el edificio de Intendencia.

Al atardecer, el paseo era punto de encuentro de toda la población. Tal era el ambiente y el buen estar que reinaba que se alquilaban sillas para ver el devenir de la gente.

A pesar de todo, aún había algo que lo hacía más atractivo: era la Feria de Verano de Cartagena, que duraba desde el 25 de julio hasta el 15 de agosto. Esta feria se celebraba en la Plaza de la Merced desde mediados del siglo XVIII. En 1851 se trasladó al solar que dejó el monasterio franciscano (que luego se transformaría en la Glorieta de San Francisco), y a partir de 1887, se ubicaría en el Paseo del Muelle, dándole más esplendor por su situación en el exterior del recinto y realzándola con el alumbrado de gas, y más tarde el eléctrico. En el tiempo de feria, Cartagena se llenaba de forasteros y todas las fondas estaban completas. Eran días en que la casa se llenaba de familiares venidos de fuera.

Año 1904. Vista del Paseo desde la muralla. De izquierda a derecha, el pabellón del Ayuntamiento y del Círculo Militar.

Año 1904. Vista del Paseo desde la muralla. De izquierda a derecha, el pabellón del Ayuntamiento y del Círculo Militar.

Pabellones del Ayuntamiento y del Casino desde el muelle comercial.

Pabellones del Ayuntamiento y del Casino desde el muelle comercial.

El Eco de Cartagena, en su edición del 26 de agosto de 1899 definía así la feria: “Mirada desde el puerto, con sus múltiples lámparas eléctricas que, pendientes de altísimas columnas, vierten sobre ella cascada de brillante luz, con su largo y anchuroso paseo festoneado de millares de luces encerradas en bombas de cuajado cristal y con sus pabellones artísticos y hermosos, que rompen con su desigualdad armónica la monotonía del fondo y que a fuerza de estar de sobra iluminados parece que se levantan en el seno de una atmósfera incendiada”. Todo este poético escenario se veía aún más enaltecido con los barcos iluminados en la bahía y el engalanamiento de las principales calles de la ciudad.

El paseo engalanado.

El paseo engalanado.

Arco de entrada al real de la feria.

Arco de entrada al real de la feria.

Se accedía al Real de la Feria por una portada monumental. La levantada en 1902 presentaba la inscripción “A S.M. el Rey Alfonso XIII, la ciudad de Cartagena” con motivo de su coronación y estaba revestida con miles de bombillas eléctricas de diversos colores. La erigida en 1907, y desaparecida en 1911 por un vendaval, fue una de las más bellas. Su decoración, a base de motivos de mar, de campo y de la mina, fue realizada por pintores tan importantes como Francisco Portela de la Llera, Manuel Iznardo y Miguel Díaz Spottorno.

Año 1902. La portada presenta la inscripción "A S.M. el Rey Alfonso XIII, la ciudad de Cartagena"

Año 1902. La portada presenta la inscripción “A S.M. el Rey Alfonso XIII, la ciudad de Cartagena”

Año 1903. Arco de entrada al recinto ferial y los majestuosos pabellones.

Año 1903. Arco de entrada al recinto ferial y los majestuosos pabellones.

Durante la feria, el Ayuntamiento y las sociedades recreativas como el Casino, el Ateneo, el Círculo Militar y la Unión Mercantil, instalaban suntuosos quioscos o pabellones profusamente decorados, obras de los arquitectos locales de más prestigio como Víctor Beltrí, Tomás Rico o Francisco de Paula Oliver. En estos pabellones, se celebraban elegantes bailes y cotillones hasta altas horas de la madrugada, tocaban las bandas militares, y sextetos de grandes maestros interpretaban conciertos de música clásica.

El Pabellón de la Corporación Municipal fue levantado en 1902 por Tomás Rico. Es una combinación de cúpulas, doseles, columnas, gabletes y jarrones en un estilo barroco modernista. Desde este pabellón del Ayuntamiento, el 23 de junio de 1903, Alfonso XIII presenció el desfile militar organizado en su honor con motivo de su visita oficial a la ciudad.

En el año 1902, el Ayuntamiento, presidido por Ángel Bruna, encarga a Tomás Rico la construcción de este magnífico pabellón.

En el año 1902, el Ayuntamiento, presidido por Ángel Bruna, encarga a Tomás Rico la construcción de este magnífico pabellón.

Dos visitantes posan ante la obra de Tomás Rico.

Dos visitantes posan ante la obra de Tomás Rico.

Del Pabellón del Casino, levantado por Oliver, el diario local escribía: “…el lujoso pabellón del Casino que al inaugurarse mañana por la noche parecerá un palacio de la luz habitado por hadas”

En él se organizaban bailes los jueves y los domingos por la noche, y daba conciertos de piano el maestro Álvarez, autor del pasodoble Suspiros de España. En sus jardincillos jugaban los niños, que sólo podían acceder a su interior los jueves por la tarde.

Pabellón del Casino, obra de Oliver.

Pabellón del Casino, obra de Oliver.

Otra vista del Paseo con el Pabellón del Casino.

Otra vista del Paseo con el Pabellón del Casino.

El Pabellón del Círculo Militar, obra de Víctor Beltrí, fue erigido en 1902. La prensa lo definió como de estilo japonés, basándose en unas formas que recordaban las proas de las góndolas. También destacaban unos mástiles inclinados apoyados sobre los soportes de la estructura y que sujetaban el toldo. El acceso a este pabellón estaba limitado a los militares y a sus invitados. Fue destruido en 1907 por un vendaval.

Pabellón del Círculo Militar, levantado por Víctor Beltrí.

Pabellón del Círculo Militar, levantado por Víctor Beltrí.

Llamaba la atención el original diseño que la prensa definía como "japonés"

Llamaba la atención el original diseño que la prensa definía como “japonés”

1922. Pabellón del Taurino.

1922. Pabellón del Taurino.

La Casa de Expósitos instalaba una barraca donde se realizaban rifas y cuyas papeletas eran vendidas por bellas señoritas casaderas.

En el recinto ferial también habían casetas de madera y puestos de baratijas, de abanicos, de juguetes y de dulces; arcos de luces, farolillos y gallardetes de colores; títeres, ruedas de caballitos y cinematógrafos como el Lumière.

Real de la feria.

Real de la feria.

Paseando por la feria.

Paseando por la feria.

La feria estaba animada por bandas militares, fuegos artificiales acuáticos, regatas, cucañas marítimas, carreras de bicicletas, etc. En su programación contaba con tres corridas de toros y una modernista velada marítima -festejo éste, propiamente cartagenero y colofón de la feria-.

1901. Elefante. Carroza construida totalmente con transparentes e iluminación interior y en la peana.

1901. Elefante. Carroza construida totalmente con transparentes e iluminación interior y en la peana.

1947. Barcaza preparada para la velada marítima.

1947. Barcaza preparada para la velada marítima.

Durante la feria también se celebraba la “Batalla de Flores”, donde desfilaban carrozas y carruajes hermosamente engalanados con miles de flores y con opción a ser premiados.

1903. Carruajes engalanados para la Batalla de Flores

1903. Carruaje engalanado para la Batalla de Flores.

Carruaje engalanado para la Batalla de Flores.

Carruaje engalanado para la Batalla de Flores.

En otra época, durante el día de Santiago, a la señal estrepitosa del cañonazo anunciante del mediodía, la gente que en ese momento anduviera por la orilla del muelle era arrojada al mar, vestida y sin previo aviso. Con el tiempo, esa costumbre pasó a ser tradición, y ese día se congregaba en el cantil del muelle una multitud de personas, mayoritariamente gente joven, a la espera del disparo de las doce para saltar vestidos al mar, eso si, llevándose por delante algún descuidado espectador.

En la parte más cercana a la Muralla se establecía otra peculiar feria que Isidoro Valverde definía de esta manera: “…otra pequeña feria sui generis, con personalidad y vida propia; era la feria de los barracones de mal pelaje, donde cierta clase de gente tenía sus diversiones peculiares y nada versallescas. Era un mundo báquico junto a otro mundo ordenado. Era un mundo pintoresco que hubiera encantado a cualquier pintor impresionista, separado del otro por una frontera inmaterial y meramente sociológica. Los de la feria de la derecha pasaban por su lado procurando ignorarlo. Naturalmente, las chicas bien no traspasaban esa frontera ni acompañadas por sus padres. Este mundo siniestro era conocido en Cartagena con el expresivo nombre de Barrio de las Injurias”

A partir de 1919, la feria veraniega fue decayendo poco a poco hasta desaparecer.

Terminando de narrar todo esto, no puedo evitar evocar esa sensación embriagadora de novela que nuestros antiguos paisanos sintieron ante tanta belleza y jolgorio, enaltecida por miles de bombillas que deslumbraron entre los brillos de la luz eléctrica a cuantos la vieron por primera vez.

El gallo de la calle del Duque

Fabricado en el siglo XVIII, en la ciudad alemana de Baviera, fue traído por unos comerciantes cartageneros, pasando a convertirse en una figura entrañable del casco antiguo de la ciudad. Encaramado, majestuoso y pomposo, observó durante más de dos siglos el devenir de los cartageneros desde su esquina de la calle del Duque con Caridad.

El majestuoso gallo que sirvió de imagen al comercio de la familia Castelló.

El majestuoso gallo que sirvió de imagen al comercio de la familia Castelló.

“El Gallo”, también conocido por “el Gallo de la esquina del guardia”, daba nombre al establecimiento que presidía, comercio de tejidos desde mediados del s. XVIII hasta que en 1882 pasó a ser tienda de calzados.

Imagen de la distribuidora Pathé.

Imagen de la distribuidora Pathé.

En los comienzos del cinematógrafo fue sede de distribuidoras de películas para venta y alquiler, principalmente de la distribuidora Pathé, coincidiendo el anagrama de ésta con el del establecimiento.

Hecho de zinc, estaba formado por dos piezas y con tan perfecta terminación que estando más de dos siglos a la interperie, jamás se oxido; sobreviviendo a la insurrección cantonal y a la guerra civil.

Anuncio aparecido en una publicación de principios del s. XX.

Anuncio aparecido en una publicación de principios del s. XX.

Fue robado en 1984 y devuelto días después por los mismos ladrones, que dejándolo bajo un camión en el depósito municipal, avisaron a la policía. Por desgracia, en noviembre de 1996 volvió a ser robado y esta vez no apareció, pese a la recompensa ofrecida por su propietario.

Los últimos días de "El Gallo"

Los últimos días de “El Gallo”

El Arsenal Militar

En 1717, bajo el reinado de Felipe V, la marina de guerra emprende la creación de tres departamentos marítimos con sedes en el Ferrol, Cádiz y Cartagena. En estas ciudades se ubicará un arsenal que incluirán astillero, edificios auxiliares y obras de defensa. En 1731, se decide como emplazamiento para el Arsenal de Cartagena, el antiguo fondeadero conocido como Mar de Mandarache y el 20 de febrero de 1732 comienzan las obras, proyecto del ingeniero Sebastián de Feringán, al que sustituirá, tras su muerte en 1762, Mateo Vodopich.

Jorge Juan, marino y científico, aportaría una serie de elementos tan importantes como novedosos para el Arsenal, entre ellos, los diques de carenar en seco, y las “bombas de fuego”, máquinas de vapor destinadas a achicar el agua para la formación de dichos diques, ambas innovaciones, únicas, por entonces, en el Mediterráneo.

Puerta Monumental de entrada al Arsenal

Puerta Monumental de entrada al Arsenal

Las obras concluyen el 31 de enero de 1782, con Carlos III en el trono de España.

La designación de Departamento Marítimo del Mediterráneo supondrá para Cartagena recobrar su antigua importancia.

En 1752, se mandó edificar la Puerta Principal en el “lugar de mejor vista”. Esta es la única que se mantiene de las construidas en las murallas de Cartagena.

Su torre, adosada por Tomás Tallarie en 1865, está rematada por una campana de bronce llamada “María Bárbara” y un reloj torre de cuatro esferas iluminado por gas. Este reloj, propuesto por el profesor de relojería Francisco Anestares en 1776, hubo de pasar numerosas vicisitudes hasta ser colocado, al fin, en 1866.

Fotografía de la puerta engalanada. 1874

Fotografía de la puerta engalanada. 1874

La triple puerta en los años 20. A la izquierda de la imagen lucen las primeras ramas del árbol de Navidad.

La triple puerta en los años 20. A la izquierda de la imagen lucen las primeras ramas del árbol de Navidad.

Puerta del Arsenal en los años 60.

Puerta del Arsenal en los años 60.

Los cañones de las puertas pertenecieron al navío francés “Neptune”, que participó en la batalla de Trafalgar (21 de octubre de 1805).

Arsenal 5

Arsenal 12

La bandera, que durante muchos años ondeó en la puerta principal, fue trasladada al interior del Arsenal el 26 de junio de 1989. El motivo de este traspaso fueron los atascos que se formaban en la calle Real con el izado y arriado diario, pues algunos vehículos se detenían como muestra de respeto hacia el símbolo.

1862. Navío de Isabel II en su visita a Cartagena, atracado en el Arsenal. Hasta esa fecha, el Puerto de Cartagena sólo había sido un pequeño embarcadero frente a la Muralla del Mar.

1862. Navío de Isabel II en su visita a Cartagena, atracado en el Arsenal. Hasta esa fecha, el Puerto de Cartagena sólo había sido un pequeño embarcadero frente a la Muralla del Mar.

El conjunto de edificaciones lo componía el almacén general, el cuartel de penados, la puerta, el cuerpo de guardia y el parque del ejército.

Actualmente, su interior alberga una dársena de forma cuadrada, diversos edificios destinados a talleres, cuarteles y la Base de Submarinos.

El Arsenal tiene el cometido primordial de apoyar a los buques basados en Cartagena, submarinos, cazaminas, corbetas y buques auxiliares como el oceanográfico Hespérides.

Año 1872. Detalle del Arsenal desde el Barrio de la Concepción.

Año 1872. Detalle del Arsenal desde el Barrio de la Concepción.

A la derecha de la imagen vemos la entrada principal y la muralla que rodea al Arsenal y conforma la calle Real. En primer plano el baluarte B6 y parte de la cortina de muralla que desviaba las aguas de la Rambla de Benipila hacia la Algameca Chica.

A la derecha de la imagen vemos la entrada principal y la muralla que rodea al Arsenal y conforma la calle Real. En primer plano el baluarte B6 y parte de la cortina de muralla que desviaba las aguas de la Rambla de Benipila hacia la Algameca Chica.

Panorámica y vista del Arsenal hacia 1900. A la izquierda, los diques de Feringán, actual Base de Submarinos.

Panorámica y vista del Arsenal hacia 1900. A la izquierda, los diques de Feringán, actual Base de Submarinos.

Arsenal

Entrada al antiguo Mar de Mandarache. En la dársena y junto a un buque destaca la “Machina”, grúa que colocaba la arboladura en los mástiles de los barcos.

Otra vista del Arsenal.

Otra vista del Arsenal.

Vista del Arsenal en 1909. Al fondo se distinguen las chimeneas de la fábrica de la luz, en la Alameda de San Antón.

Vista del Arsenal en 1909. Al fondo se distinguen las chimeneas de la fábrica de la luz, en la Alameda de San Antón.

El dique flotante.

El dique flotante.

El Pelayo en el Dique.

El Pelayo en el Dique.

ESCANE63

7-2-1939.  Vista aérea durante uno de los bombardeos de la Guerra Civil. Varias bombas, que aparecen en la foto como pequeños hongos, explotan sobre la Base de Submarinos.

7-2-1939. Vista aérea durante uno de los bombardeos de la Guerra Civil. Varias bombas, que aparecen en la foto como pequeños hongos, explotan sobre la Base de Submarinos.

Una vista aérea del Arsenal del año 1962. En primer plano, la Base de Submarinos y los diques flotantes.

Una vista aérea del Arsenal del año 1962. En primer plano, la Base de Submarinos y los diques flotantes. Podemos apreciar el prototipo de Isaac Peral expuesto en los jardines, frente al dique de mayor tamaño.

1929. Interior del Taller del Parque. Sala de aparatos para desencasquillado.

1929. Interior del Taller del Parque. Sala de aparatos para desencasquillado.

1929. Taller de Prensas.

1929. Taller de Prensas.

La fachada del antiguo cuartel de penados fue realizada, en 1911, por Celestino Aranguren, siguiendo un estilo de clasicismo modernista muy usual en las construcciones industriales. En esta fachada destaca la ventana termal, flanqueada por grandes pilares. Años después la prisión se transformó en Cuartel de Instrucción de Marinería (CIM).

CIM 2

CIM 1