La Casa Llagostera

En la calle Mayor de Cartagena se levanta la Casa Llagostera, según Pérez Rojas: “el edificio con la fachada más original y hermosa de la arquitectura murciana del siglo XX”. Los Llagostera eran una familia de comerciantes catalanes afincados en Cartagena y que pertenecían a la influyente burguesía comercial de principios del siglo XX.

Fachada principal de la Casa Llagostera (Foto: José Antonio Rodríguez)

Fachada principal de la Casa Llagostera (Foto: José Antonio Rodríguez)

D. Esteban Llagostera Puntí y su esposa, Julia Molina Macabich, eran propietarios de una villa situada en las proximidades del Barrio de Los Dolores, conocida como el “Huerto de las Bolas”. Satisfechos con la labor realizada por Víctor Beltrí en aquella propiedad, le encargó, en noviembre de 1913, la construcción de un edificio a la altura del número 25 de la calle Mayor (antiguos 37 y 39 de la calle Isaac Peral). El proyecto consistía en derribar las dos casas y reconstruir una sola vivienda.

Se trataba de una casa de tres pisos y bajo comercial. Los propietarios ocupaban el primer piso, mientras que en la planta baja, donde permanece cerrado el Gran Bar, se encontraba el comercio de la familia, dedicado a la venta de tejidos. En la azotea quedan restos de un torreón, que en su día, servía al dueño para comunicarse, mediante banderas, con la torre del “Huerto de las Bolas”

Membrete del comercio de tejidos de Esteban Llagostera. En una guía de Cartagena, de 1902, aparecen como donantes de una alfombra de terciopelo de 12 metros para el presbiterio de la Iglesia de la Caridad. (Foto: Juan Ignacio Ferrández)

Membrete del comercio de tejidos de Esteban Llagostera. En una guía de Cartagena, de 1902, aparecen como donantes de una alfombra de terciopelo de 12 metros para el presbiterio de la Iglesia de la Caridad. (Foto: Juan Ignacio Ferrández)

La fachada sigue el habitual esquema cartagenero de miradores laterales y balcones centrales que la dividen en tres ejes verticales. En los miradores, de madera, se pueden observar entre algunos listones pequeños trozos de cerámica.

Detalles de los miradores.

Detalles de los miradores.

Detalles de los miradores.

Detalles de los miradores.

En las balconadas se encuentra lo que hace de este edificio una obra tan peculiar: su decoración a base de cerámica pintada de vivos colores, obra del ceramista y pintor Gaspar Polo. En ellas aparecen representadas las figuras mitológicas de Minerva y Mercurio, símbolos de la sabiduría y del comercio. A ambos lados de la diosa los escudos de Barcelona y Murcia, y flanqueando a Mercurio los de Manlleu y Cartagena refiriendo a los lugares de origen y de trabajo de la familia Llagostera. Escudos y divinidades se encuentran separados por puertas de madera acristaladas. En el último piso y entre la representación de dos jarrones decorativos, figura el escudo de España. Encima de estos, un remate curvo presenta unos fustes con capitel jónico y elementos de carácter vegetal a modo de corona de laurel.

El escudo de Manlleu, el dios Mercurio y el escudo de Cartagena (Foto: Juan de Dios Sáez)

El escudo de Manlleu, el dios Mercurio y el escudo de Cartagena (Foto: Juan de Dios Sáez)

El escudo de Barcelona y la diosa Minerva.

El escudo de Barcelona y la diosa Minerva.

Encima de la cornisa, y apenas visible desde abajo, aparece escrito en azulejos: “Casa Llagostera”. La obra debió de finalizar en 1916, fecha que aparece junto a la firma del ceramista en el borde interior del recuadro de Mercurio. La ornamentación de la fachada se completa con la adecuación de elementos constructivos como ménsulas de piedra, dinteles y soportes tallados con motivos vegetales muy modernistas, además de un trabajo muy destacable en rejerías de forja.

Parte superior del edificio donde se puede leer: "Casa Llagostera"

Parte superior del edificio donde se puede leer: “Casa Llagostera”

Cornisa con decoración floral. Se aprecia parte del rótulo "Casa Llagostera"

Cornisa con decoración floral. Se aprecia parte del rótulo “Casa Llagostera”

Detalle de la cornisa.

Detalle de la cornisa.

Detalles de la fachada (Foto: José Antonio Rodríguez)

Detalles de la fachada (Foto: José Antonio Rodríguez)

Detalles de la fachada (Foto: José Antonio Rodríguez)

Detalles de la fachada (Foto: José Antonio Rodríguez)

Detalles del interior (Foto: José Antonio Rodríguez)

Detalles del interior (Foto: José Antonio Rodríguez)

La rejería de la escalera era igual a la de los balcones (Foto: José Ignacio Ferrández)

La rejería de la escalera era igual a la de los balcones (Foto: Juan Ignacio Ferrández)

Detalle del interior (Foto: José ignacio Ferrández)

Detalle del interior (Foto: Juan Ignacio Ferrández)

Durante los años setenta se tuvo que apuntalar el edificio por su precario estado, restaurándose parcialmente e interviniendo su fachada en el año 1978. Durante años ha padecido un largo proceso abandono, sufriendo incluso en su interior, actos de vandalismo e incendios.

Ha tenido varios dueños, entre ellos el Hospital de la Caridad y diversos propietarios privados. Después de dos años desde su última intervención, solo se ha derribado todo su interior y su fachada permanece oculta a falta de comenzar su restauración.

La Feria de Verano en el paseo Alfonso XII

En 1874, Cartagena obtuvo la autorización de terraplenar y ganar terreno al mar para la construcción del nuevo muelle, que finalizado en sólo tres años, sería inaugurado por Alfonso XII.

Año 1890. Terminación de la primera fase.

Año 1890. Terminación de la primera fase.

De cara al mar se encontraba el muelle comercial, con sus tinglados, vías, andenes y ferrocarriles. Paralelo al muelle quedaba un paseo que se denominó Paseo de Alfonso XII (llamado de La Libertad durante la 2ª República) o Paseo del Muelle, como coloquialmente se le conoce.

Tinglados, vías y vapores en el nuevo muelle comercial.

Tinglados, vías y vapores en el nuevo muelle comercial.

En el paseo tenían representación los grandes bares y cafés de la calle Mayor. Para el periodo estival se levantaban teatros de madera, como el instalado en 1888, llamado Circo de la Riba; el barracón “Cinematógrafo Oriental”, propiedad de los Hnos. García Molero, precursores del cine en Cartagena; o “El Brillante”, propiedad de Cánovas y Valero, donde llegaron a actuar estrellas de la época como la Bella Chelito y Amalia Molina.

Vistas del Paseo de Alfonso XII .

Vistas del Paseo de Alfonso XII y el Ayuntamiento.

Vista del Paseo de Alfonso XII. Como fondo la muralla y el edificio de Intendencia.

Vista del Paseo de Alfonso XII. Como fondo la muralla y el edificio de Intendencia.

Al atardecer, el paseo era punto de encuentro de toda la población. Tal era el ambiente y el buen estar que reinaba que se alquilaban sillas para ver el devenir de la gente.

A pesar de todo, aún había algo que lo hacía más atractivo: era la Feria de Verano de Cartagena, que duraba desde el 25 de julio hasta el 15 de agosto. Esta feria se celebraba en la Plaza de la Merced desde mediados del siglo XVIII. En 1851 se trasladó al solar que dejó el monasterio franciscano (que luego se transformaría en la Glorieta de San Francisco), y a partir de 1887, se ubicaría en el Paseo del Muelle, dándole más esplendor por su situación en el exterior del recinto y realzándola con el alumbrado de gas, y más tarde el eléctrico. En el tiempo de feria, Cartagena se llenaba de forasteros y todas las fondas estaban completas. Eran días en que la casa se llenaba de familiares venidos de fuera.

Año 1904. Vista del Paseo desde la muralla. De izquierda a derecha, el pabellón del Ayuntamiento y del Círculo Militar.

Año 1904. Vista del Paseo desde la muralla. De izquierda a derecha, el pabellón del Ayuntamiento y del Círculo Militar.

Pabellones del Ayuntamiento y del Casino desde el muelle comercial.

Pabellones del Ayuntamiento y del Casino desde el muelle comercial.

El Eco de Cartagena, en su edición del 26 de agosto de 1899 definía así la feria: “Mirada desde el puerto, con sus múltiples lámparas eléctricas que, pendientes de altísimas columnas, vierten sobre ella cascada de brillante luz, con su largo y anchuroso paseo festoneado de millares de luces encerradas en bombas de cuajado cristal y con sus pabellones artísticos y hermosos, que rompen con su desigualdad armónica la monotonía del fondo y que a fuerza de estar de sobra iluminados parece que se levantan en el seno de una atmósfera incendiada”. Todo este poético escenario se veía aún más enaltecido con los barcos iluminados en la bahía y el engalanamiento de las principales calles de la ciudad.

El paseo engalanado.

El paseo engalanado.

Arco de entrada al real de la feria.

Arco de entrada al real de la feria.

Se accedía al Real de la Feria por una portada monumental. La levantada en 1902 presentaba la inscripción “A S.M. el Rey Alfonso XIII, la ciudad de Cartagena” con motivo de su coronación y estaba revestida con miles de bombillas eléctricas de diversos colores. La erigida en 1907, y desaparecida en 1911 por un vendaval, fue una de las más bellas. Su decoración, a base de motivos de mar, de campo y de la mina, fue realizada por pintores tan importantes como Francisco Portela de la Llera, Manuel Iznardo y Miguel Díaz Spottorno.

Año 1902. La portada presenta la inscripción "A S.M. el Rey Alfonso XIII, la ciudad de Cartagena"

Año 1902. La portada presenta la inscripción “A S.M. el Rey Alfonso XIII, la ciudad de Cartagena”

Año 1903. Arco de entrada al recinto ferial y los majestuosos pabellones.

Año 1903. Arco de entrada al recinto ferial y los majestuosos pabellones.

Durante la feria, el Ayuntamiento y las sociedades recreativas como el Casino, el Ateneo, el Círculo Militar y la Unión Mercantil, instalaban suntuosos quioscos o pabellones profusamente decorados, obras de los arquitectos locales de más prestigio como Víctor Beltrí, Tomás Rico o Francisco de Paula Oliver. En estos pabellones, se celebraban elegantes bailes y cotillones hasta altas horas de la madrugada, tocaban las bandas militares, y sextetos de grandes maestros interpretaban conciertos de música clásica.

El Pabellón de la Corporación Municipal fue levantado en 1902 por Tomás Rico. Es una combinación de cúpulas, doseles, columnas, gabletes y jarrones en un estilo barroco modernista. Desde este pabellón del Ayuntamiento, el 23 de junio de 1903, Alfonso XIII presenció el desfile militar organizado en su honor con motivo de su visita oficial a la ciudad.

En el año 1902, el Ayuntamiento, presidido por Ángel Bruna, encarga a Tomás Rico la construcción de este magnífico pabellón.

En el año 1902, el Ayuntamiento, presidido por Ángel Bruna, encarga a Tomás Rico la construcción de este magnífico pabellón.

Dos visitantes posan ante la obra de Tomás Rico.

Dos visitantes posan ante la obra de Tomás Rico.

Del Pabellón del Casino, levantado por Oliver, el diario local escribía: “…el lujoso pabellón del Casino que al inaugurarse mañana por la noche parecerá un palacio de la luz habitado por hadas”

En él se organizaban bailes los jueves y los domingos por la noche, y daba conciertos de piano el maestro Álvarez, autor del pasodoble Suspiros de España. En sus jardincillos jugaban los niños, que sólo podían acceder a su interior los jueves por la tarde.

Pabellón del Casino, obra de Oliver.

Pabellón del Casino, obra de Oliver.

Otra vista del Paseo con el Pabellón del Casino.

Otra vista del Paseo con el Pabellón del Casino.

El Pabellón del Círculo Militar, obra de Víctor Beltrí, fue erigido en 1902. La prensa lo definió como de estilo japonés, basándose en unas formas que recordaban las proas de las góndolas. También destacaban unos mástiles inclinados apoyados sobre los soportes de la estructura y que sujetaban el toldo. El acceso a este pabellón estaba limitado a los militares y a sus invitados. Fue destruido en 1907 por un vendaval.

Pabellón del Círculo Militar, levantado por Víctor Beltrí.

Pabellón del Círculo Militar, levantado por Víctor Beltrí.

Llamaba la atención el original diseño que la prensa definía como "japonés"

Llamaba la atención el original diseño que la prensa definía como “japonés”

1922. Pabellón del Taurino.

1922. Pabellón del Taurino.

La Casa de Expósitos instalaba una barraca donde se realizaban rifas y cuyas papeletas eran vendidas por bellas señoritas casaderas.

En el recinto ferial también habían casetas de madera y puestos de baratijas, de abanicos, de juguetes y de dulces; arcos de luces, farolillos y gallardetes de colores; títeres, ruedas de caballitos y cinematógrafos como el Lumière.

Real de la feria.

Real de la feria.

Paseando por la feria.

Paseando por la feria.

La feria estaba animada por bandas militares, fuegos artificiales acuáticos, regatas, cucañas marítimas, carreras de bicicletas, etc. En su programación contaba con tres corridas de toros y una modernista velada marítima -festejo éste, propiamente cartagenero y colofón de la feria-.

1901. Elefante. Carroza construida totalmente con transparentes e iluminación interior y en la peana.

1901. Elefante. Carroza construida totalmente con transparentes e iluminación interior y en la peana.

1947. Barcaza preparada para la velada marítima.

1947. Barcaza preparada para la velada marítima.

Durante la feria también se celebraba la “Batalla de Flores”, donde desfilaban carrozas y carruajes hermosamente engalanados con miles de flores y con opción a ser premiados.

1903. Carruajes engalanados para la Batalla de Flores

1903. Carruaje engalanado para la Batalla de Flores.

Carruaje engalanado para la Batalla de Flores.

Carruaje engalanado para la Batalla de Flores.

En otra época, durante el día de Santiago, a la señal estrepitosa del cañonazo anunciante del mediodía, la gente que en ese momento anduviera por la orilla del muelle era arrojada al mar, vestida y sin previo aviso. Con el tiempo, esa costumbre pasó a ser tradición, y ese día se congregaba en el cantil del muelle una multitud de personas, mayoritariamente gente joven, a la espera del disparo de las doce para saltar vestidos al mar, eso si, llevándose por delante algún descuidado espectador.

En la parte más cercana a la Muralla se establecía otra peculiar feria que Isidoro Valverde definía de esta manera: “…otra pequeña feria sui generis, con personalidad y vida propia; era la feria de los barracones de mal pelaje, donde cierta clase de gente tenía sus diversiones peculiares y nada versallescas. Era un mundo báquico junto a otro mundo ordenado. Era un mundo pintoresco que hubiera encantado a cualquier pintor impresionista, separado del otro por una frontera inmaterial y meramente sociológica. Los de la feria de la derecha pasaban por su lado procurando ignorarlo. Naturalmente, las chicas bien no traspasaban esa frontera ni acompañadas por sus padres. Este mundo siniestro era conocido en Cartagena con el expresivo nombre de Barrio de las Injurias”

A partir de 1919, la feria veraniega fue decayendo poco a poco hasta desaparecer.

Terminando de narrar todo esto, no puedo evitar evocar esa sensación embriagadora de novela que nuestros antiguos paisanos sintieron ante tanta belleza y jolgorio, enaltecida por miles de bombillas que deslumbraron entre los brillos de la luz eléctrica a cuantos la vieron por primera vez.

Historia del Barrio Peral

Los orígenes del caserío de Los Molinos

Considerado, en su momento, el barrio más distinguido de Cartagena, Los Molinos se encontraba a 2,5 kilómetros al norte de la ciudad. Su ubicación, ligeramente elevada sobre el nivel del mar, lo hacía lugar propicio para los “molinicos”, de los cuales decía Ginés García eran “una versión tierra adentro del barco de vela latina”.

Vista del Barrio Peral a finales del s. XIX

Vista del Barrio Peral a finales del s. XIX

La primera constancia que se tiene sobre él data de 1789, donde, en una escritura a nombre de Dª. Agustina Cervantes, viuda de D. Juan Vidal Guillén, se puede leer: “…como vecina de esta ciudad y su campo Partido de los Cuatro Molinos, vende…”

En 1801, se exhibe en distintas escrituras de compraventa de terrenos que el “paraje de los Cuatro Molinos” concierne a la diputación de San Antonio Abad. En 1812 residían en este paraje las siguientes familias: Fulgencio Martínez, Juan Díaz, Antonio Valero, José Valero, Pedro Campillo, Pedro Vidal, Antonio Vidal, Fulgencio Vidal, Juan Vallejos e hijos, Alonso Espejo y Teresa de Exea.

El enclave de este paraje se limitaba a cuatro molinos harineros circundados por tierras dedicadas al cultivo de cereal. La situación de estos molinos era la siguiente:

Restos del molino de Frigard

Restos del molino de Frigard

El perteneciente en 1893 a D. Juan Díaz y situado en los terrenos que años más tarde ocuparía la fundición Frigard y actualmente almacén de la Camping. Es el único del que aún quedan restos.

Un segundo molino en una finca que perteneció a D. Eduardo Jover Egea en 1888. La finca fue comprada por Dª. Trinidad Sánchez y Sánchez y, en 1891, vendida a Dª Carmen Basset y Castillo, bisabuela de su propietario hasta hoy, D. Arturo Espa Butigieg.

En la parte alta y central de este paraje, al final de la actual calle Los Barbero, se encontraba el molino de la “garita”, nombre por el que más tarde sería conocido este paraje. En este molino se situó un reflector antiaéreo durante la Guerra Civil dada su privilegiada situación.

El último molino estaba ubicado en el Cruce de los Cuatro Caminos, donde la Vereda de San Félix se cruza con la carretera de La Palma.

Por tanto, podemos decir que la molienda de trigo fue el primer recurso de sustento en este paraje. El molino era un elemento muy provechoso para la economía, por lo que sus dueños, que solían ser regidores, comunidades religiosas y ricos agricultores, lo arrendaban durante cortos periodos. Los arrendatarios no invertían en el mantenimiento del molino y ésta fue una de las causas del progresivo deterioro de estas construcciones.

En 1845, el “Partido de Los Molinos” ya contaba con 8 molineros, 2 carreteros y 50 familias, la mayoría formadas por jornaleros de otras tierras o de las minas cercanas.

Dos años más tarde, el número de familias asciende a 62 y el de molineros lo hace a 12 para poder suplir la demanda de cereal debida al aumento de población en la ciudad. Este año se crea el primer horno de pan, regentado por el panadero Francisco Sánchez.

Poco a poco, el paraje se fue transformando en caserío.

En 1862 llega el ferrocarril a Cartagena y la vía divide al barrio en dos, quedando en la zona norte el área más poblada y al sur diversas fincas como la de Prefumo. La población sigue aumentando y ya no son sólo jornaleros los que allí habitan. Aparecen pequeños artesanos, industrias y comercios.

Comienzos del s. XX. Vía del ferrocarril a su paso por Los Molinos

Comienzos del s. XX. Vía del ferrocarril a su paso por Los Molinos

Hacia 1885, se produjo el resurgimiento de la Sierra Minera y eso conllevó un elevado crecimiento demográfico. La mayoría no podían pagar los elevados precios de una habitación dentro del recinto de la ciudad y optaron por los extramuros. Por entonces, ya eran 400 familias las censadas en Los Molinos.

El “Eco de Cartagena” de diciembre de 1886 publicó: “Cada día toma mayor incremento el caserío de Los Molinos donde están levantando innumerables viviendas para familias, cuyos medios de subsistencia no les permiten vivir en la ciudad. La verdad es que la existencia en Cartagena no se concibe dado el precio que hoy alcanzan las habitaciones y artículos de primera necesidad”.

Por estas fechas, el arreglo de la alameda interrumpió el camino que partía desde las Puertas de Madrid hacia San Antón y su ruta Los Dolores – Murcia – Madrid, y quedó como único acceso en esa dirección el camino de Los Molinos, un deplorable carril colmado de baches y escombros donde más de un carro perdía hasta la rueda.

Molino y ceña del Huerto Palomares en los años 70

Molino y ceña del Huerto Palomares en los años 70

De los cuatro molinos harineros que dieron lugar al caserío, sólo quedaba uno en funcionamiento, el de Rafael Ruiz Rosique. Entonces, empezaban a surgir los molinos de agua para el regadío de fincas, como la del Sr. Berizo (hoy convertida en la Barriada José Mª de Lapuerta), la de Pérez Milá o la de Prefumo. La extensión de terreno que ocupan las actuales calles de San Andrés, San José, San Fabián… hasta la calle Fuendetodos, correspondía al Huerto Palomares, donde existía una noria, o ceña, como se conoce por estos lares.

Además de los existentes cultivos de cereales, empezaron a aparecer los cultivos de regadío para hacer frente a la demanda producida por el incremento demográfico de la ciudad. Las áridas tierras donde se asentaba el futuro barrio, pasarían a convertirse en verdes planteles salpicados de verduras, hortalizas y frutales, viñedos y olivos.

Estos molinos subían el agua de los pozos mediante cangilones y se recogía en balsas para el riego y el consumo propio. Otra forma de abastecerse de agua potable era hacer acopio del agua de lluvia en aljibes, de los que aún perduran algunos como adorno.

Se conoce la existencia de dos escuelas en Los Molinos alrededor de 1885, la Escuela subvencionada de niños, dirigida por D. Salvador Martínez, y su correspondiente para niñas, dirigida por Dª. Isabel Victoria Saura Almiñana, madre del insigne D. Feliciano Sánchez Saura.

En 1885, se construyeron unas viviendas para obreros dentro de una organización de trabajadores denominada “El Progreso Obrero” y en 1889, empiezan a aparecer las primeras calles. De las cuatrocientas ocho familias que habitan, cuatrocientas tres lo hacen en calles sin nombre. Sólo aparecen nominadas las calles Santa Teresa, Casas de Medina, Los Gitanos, la de Viento (actual Barbero) y el Camino de Mancha.

En estas fechas, el caserío de Los Molinos aparece en diversas escrituras como “Paraje de la Ribera”. A ambos lados del camino que cruzaba este paraje (actual calle Submarino) se concentraban las viviendas y dos ventas para descanso y avituallamiento del viajero.

En 1885 daban comienzo los trágicos acontecimientos por no haber un guarda en el paso nivel. Tragedias que nos acompañarían hasta casi finalizado el s. XX.

La nominación de su actual nombre

Corría el año 1889. En el arsenal de La Carraca, Cádiz, se iban realizando con éxito, unas tras otras, las pruebas del submarino de Isaac Peral, botado al agua el 8 de septiembre del año anterior.

Aprovechando una interrupción en las pruebas de mar, Peral pidió permiso al Capitán General del Departamento Marítimo de Cádiz para viajar a París y visitar la Exposición Internacional y así tomar nota de los últimos avances tecnológicos, por si alguno fuera aplicable a su submarino.

En su camino hacia París en ferrocarril pararon en Madrid, donde, por una casualidad se encontró en el Teatro Real con el Ministro de Marina, Almirante D. Rafael Rodríguez de Arias, que quedó sorprendido por su presencia. Peral le comentó que estaba de paso hacia la Exposición Internacional de París y que había obtenido un permiso verbal del Almirante del Departamento de Cádiz. El Ministro no puso ninguna objeción, a pesar de ser el único que podía concederle permiso para viajar al extranjero y haberse enterado por un casual.

Al regreso de la Exposición Internacional y de su grata experiencia por los homenajes allí recibidos, a su paso por Sevilla puede leer en las portadas de todos los periódicos: “El Ministro de Marina, había telegrafiado al Capitán General de Cádiz ordenándole que al regreso de Peral a San Fernando lo arrestase con motivo de ausentarse del territorio nacional sin su permiso expreso, ya que era la única persona que tenía en la Armada la capacidad para negar o conceder permisos de esa índole”.

Al llegar el tren al apeadero de San Fernando, el 7 de noviembre de 1889, Peral era inmediatamente arrestado.

1909. C/ de la Marina. Las clases acomodadas empezaron a ocupar este espacio con sus típicas villas en busca de una mayor amplitud

1909. C/ de la Marina. Las clases acomodadas empezaron a ocupar este espacio con sus típicas villas en busca de una mayor amplitud

Por ello, los vecinos de Los Molinos de Ribera, nada más conocer la noticia del injusto encarcelamiento de Peral, se reunieron en junta vecinal, encabezados por el Sr. Berizo, y solicitaron al Ayuntamiento la nominación de las catorce calles del caserío con los nombres de Peral, su mujer, su dotación y, por supuesto, su invento.

La finalidad que perseguían los vecinos no era otra que la de dar una satisfacción a Peral que lo compensase del agravio de su inmerecido arresto. Finalidad que consiguieron, pues cuando Peral supo la noticia se sintió profundamente honrado, y así se lo hizo saber, mediante una carta fechada en el penal de La Carraca el día 25 de noviembre, a Isidoro Martínez Rizo, Cronista Oficial de Cartagena y gran amigo personal suyo.

Unas semanas después se levantaba el arresto a Peral y en toda la nación la noticia fue recibida con gran alegría. A partir de ahí y conocidos los éxitos obtenidos en las pruebas del submarino, no había pueblo de España que no contara con una plaza o calle con su nombre. Por eso, a Cartagena, su ciudad natal, le sabía a poco nominar la calle Mayor con el nombre del ilustre marino y que en el salón de sesiones del Ayuntamiento se colocara en lugar preferente un retrato de Peral con uniforme de gala. Entonces alguien sugirió la idea de bautizar con el nombre de Peral el caserío de Los Molinos, que un par de meses antes había nominado todas sus calles con los nombres de Peral y su entorno. De esta forma se desmarcarían del resto de España, ya que no existía en el territorio nacional todo un barrio con su nombre.

La propuesta fue aceptada por unanimidad y ese mismo día, 21 de diciembre de 1889, se acordó sustituir oficialmente el nombre de “Los Molinos de Ribera” por el de “Barrio de Peral”.

Los nombres de las trece calles y la plaza referentes a Peral perduran hoy día y son los siguientes:

Plaza Carmen de Peral

Dedicada a su esposa, Dª. Carmen Cencio Rodríguez, con la que contrajo matrimonio el 20 de abril de 1877. Falleció en Madrid el 7 de diciembre de 1945, a la edad de 88 años. En esta plaza se encuentra la iglesia del Inmaculado Corazón de María, obra del arquitecto Víctor Beltrí.

Calle Peral

Dedicada al Teniente de Navío e inventor del submarino, D. Isaac Peral y Caballero. Se encuentra junto a la plaza dedicada a su esposa, ocupando gran parte de ella uno de los laterales de la iglesia.

Calle Moya

En honor del primer voluntario de la dotación, el Teniente de Navío D. José de Moya Jiménez. Oficial encargado de los torpedos junto al también Teniente de Navío Iribarren.

Calle Cubells

Dispuesta en honor del Teniente de Navío D. Manuel Cubells y Serrano, natural de Valencia. A bordo era oficial de maniobra. Poseía la Cruz Roja del Mérito Militar.

Calle García Gutiérrez

Dedicada al Teniente de Navío D. Antonio García Gutiérrez. Oficial de electricidad junto con el Teniente de Navío Mercader. Era poseedor de dos medallas al valor.

Calle de Iribarren

En honor del Teniente de Navío D. Juan Iribarren Olozarra. Junto con el Teniente de Navío Moya, era el oficial encargado de los torpedos.

Calle de Mercader

Dedicada en honor del Teniente de Navío D. Pedro Mercader Zufía. Oficial encargado de la electricidad junto al Teniente de Navío García Gutiérrez. Nacido en Barcelona en 1857, fue el miembro más joven de la dotación y llegó a ser Capitán General del Departamento Marítimo de Cádiz. A él se debe que cuarenta años después de su botadura, el submarino no acabará totalmente desguazado en Cádiz y se trasladara a Cartagena.

Calle Armero

Dedicada a la memoria del Capitán de Fragata D. Antonio Armero Ureta, ayudante personal de la reina regente María Cristina de Habsburgo-Lorena, entusiasta admiradora del proyecto del submarino que así pretendía estar al corriente de las pruebas. Armero, que era además amigo personal de Peral, murió de una angina de pecho antes de finalizar las pruebas del submarino. El día que empezó a sentirse mal le dijo a Peral: “Sacadme del barco, que me encuentro muy mal, y no te faltase más que yo muriese aquí dentro para que esos fariseos te arruinasen por completo diciendo que el submarino es mortífero”.

Calle Casado del Alisal

En honor de D. Carlos Casado Alisal, indiano que en la Pampa Argentina hizo una espléndida fortuna y que regaló a Peral una importantísima cantidad de dinero, 500.000 pts, para que pudiera concluir el submarino. Aunque el dinero fue aceptado en un principio por Peral, tres meses después, como consecuencia de su arresto, decayó su moral y entre varias determinaciones estuvo la de devolver la donación.

Calle del Maquinista

Dedicada al personal encargado de las máquinas:

D. José Luques Matalobos, tercer maquinista de la Armada. D. Manuel García Manchón, cuarto maquinista. D. Joaquín López Castillo y D. Antonio Romero Beardo, ayudantes de máquinas.

Calle del Contramaestre

Dispuesta en honor del Contramaestre asignado a las órdenes de Peral. Además de hacerse cargo de las funciones propias de Contramaestre ejercía de timonel. La identidad de este individuo no aparece en ninguna publicación de la época.

Calle Marineros de Peral

Dedicada a los anónimos marineros puestos a las órdenes de Peral para ayudarlo en todo menester.

Calle de la Marina

Calle nominada desde la misma fecha que las anteriores.

Calle del Submarino

Llamada así en honor del propio invento. Arteria principal donde se encuentran los principales comercios de la zona, y que cruza el barrio de norte a sur. En esta calle desembocan todas las anteriores.

Peral, Mercader, Iribarren, Cubells, Moya y García Gutiérrez

Peral, Mercader, Iribarren, Cubells, Moya y García Gutiérrez

La Iglesia de Barrio de Peral

Antes de empezar quiero mencionar que este artículo, salvo algunas pequeñas anotaciones, está extraido del libro: “Barrio de Peral: sus orígenes e historia”, de Julia Vázquez Aragón y otras, editado en 1998 por la Asociación de Mujeres “Amanecer” de Barrio de Peral.

Sus orígenes

En una hoja parroquial de septiembre de 1926, (fecha en que se puso la primera piedra del monumento) titulada “Mi Parroquia”, escribió un articulo D. José Vázquez Cores (Vasco de Cors) relatando sus vivencias y cuenta que él mismo, siendo un chiquillo, tocaba la esquila del minúsculo campanario de la bonita capilla que poseía D. Nicolás Berizo en su finca, que estaba situada al final de la calle que hoy lleva su nombre. Este era el único lugar donde los fieles de “Los Molinos”, que dependían de la parroquia de San Antonio Abad, podían escuchar la Misa sin cortapisa alguna por parte de su propietario.

Capilla de la Piedad y familia Berizo

Capilla de la Piedad y familia Berizo

En dicha capilla se veneraba una bonita imagen de nuestra patrona la Virgen de la Caridad, obra del escultor murciano Sánchez Araciel, que se procesionaba por el barrio los Viernes de Dolores. Dado su éxito, el Hermano Mayor de la Cofradía Marraja, Don Francisco Conesa Balanza, le solicitó dicho grupo escultórico a D. Nicolás para procesionarla por Cartagena en los desfiles de Viernes Santo. Este accedió y así se hizo hasta 1916.

Se supone que por este motivo, la iglesia de Barrio Peral, a pesar de estar y ser la primera erigida en el mundo al “Inmaculado Corazón de María”, en el Obispado constaba, hasta no hace muchos años, como a “Nuestra Señora de la Caridad”.

Por aquel entonces, vivía en el barrio un Teniente de Navío apellidado Vizcarrondo, que sufrió la adversidad de ver morir a su esposa sin poder recibir los últimos sacramentos. Por este motivo fue el primero en promover la construcción de una iglesia con vivienda para un sacerdote estable.

A principios de 1889 aparece en el “Eco de Cartagena”, una noticia que recogen de otra publicación enunciando que D. Nicolás Berizo cede los terrenos para la construcción de una iglesia en “Los Molinos”. Fue una confusión. El verdadero donante fue D. Pedro Sánchez Martínez, que según el censo de 1894 era vecino de la calle de Peral (a la derecha de la iglesia).

Este Señor fue un gran benefactor del barrio como más adelante iremos descubriendo, no sólo cedió los terrenos sino también promovió suscripciones públicas que en un principio crecieron mucho pero no lo suficiente para su terminación.

Al ayuntamiento también se le solicitó ayuda por medio del Señor Berizo, que era Concejal de éste, y en sesión del 11 de mayo de 1889, en nombre de los vecinos del barrio y en el suyo propio, solicitaba la mayor cantidad posible para las obras de la iglesia que estaba en construcción, siéndole concedidas dos mil pesetas.

Todo fue inútil y el deseo de los habitantes del barrio por conseguir su iglesia se consideró fracasado, las obras quedaron paralizadas durante varios años y el esfuerzo de todos se destruía lentamente, en esta ocasión no se llegó al fin deseado.

Una nueva Junta lo volvió a intentar, pero chocó con tantas dificultades desde el primer momento que desistieron de ello.

De la isla de Amnobón en la Guinea Española llegó al barrio D. José Espinosa y León, Alférez de Navío, vio en las condiciones en que se encontraba la iglesia, decidió terminarla y poniendo a disposición de las obras, en primer lugar todo su capital, más tarde interesó a un pequeño grupo de personas y tanta maña se dio que en poco menos de un mes los trabajos se reanudaron, según noticia del “Eco de Cartagena” de fecha, 18 de marzo de 1896, con el propósito de no interrumpirlas hasta su terminación, y así sucedió siete meses más tarde. Habiendo sido Director sin honorarios el señor Espinosa.

Los niños también contribuyeron a las obras de su iglesia y a mediados de mayo del mismo año, representaron una función en el Teatro Principal con gran éxito.

Una semana antes de la inauguración de la iglesia, ya encontramos en el “Eco”, noticias sobre este evento, los preparativos, que fueron grandes, los realizaron los vecinos con gran alegría.

A pesar del fuerte viento que reinó la víspera, que a punto estuvo de destruir dichos preparativos, “Los Molineros” dejaron el pabellón bien alto.

El sábado 26 de septiembre de 1896, fue el gran día. Desde la noche anterior, el barrio albergaba en la finca del señor Berizo al señor Obispo de la Diócesis, D. Tomás Briand y Libermore, el cuál, el domingo vistió la Capa Magna para celebrar la Santa Misa cantada en el nuevo Templo. Y grande fue la alegría de los vecinos al oír sonar las campanas por primera vez llamando a Misa.

Llegó acompañado por D. Luís Espinosa, padre del director de las obras, en un lujoso Landó y una extensa comitiva.

A las cuatro de la tarde del domingo, el señor Obispo abandonó el barrio, muy satisfecho de sus habitantes y acompañado de las personalidades que lo recibieron. Cuando a las cinco de la tarde pasó el tren por el apeadero, todo el barrio salió a despedirlo y los acordes de la marcha real sonaron hasta que el tren se perdió de vista.

La iglesia está edificada, como ya dijimos anteriormente, en terrenos cedidos por D. Pedro Sánchez Martínez y según la costumbre de la época, él y su señora están enterrados en la capilla de San Pedro, ahora San José.

Estos terrenos medían mil setecientos metros cuadrados, su planta forma una cruz cuyo tronco medía veinte metros de longitud, siendo la distancia de los brazos de dieciséis metros, el atrio medía nueve metros de ancho por dieciséis de largo. Este primer proyecto ha sido modificado varias veces.

1896. Iglesia de Barrio Peral

1896. Iglesia de Barrio Peral

El orden arquitectónico del edificio era GrecoRomano, la portada inicial era una imitación de un trozo de fachada de la Catedral de San Marcos en Venecia y estaba franqueada por dos torreones de fundición que terminaban en cúpulas de zinc.

Los pilares estaban construidos de ladrillo y los entrepaños con mampostería y verdugados de aquel material. La bóveda era de cemento y estaba trabada de alambre.

El edificio recibía ventilación y luz alta por el rosetón de cristales que tenía sobre la puerta principal y por cuatro ventanas ojivales recubiertas por pequeños vidrios de colores, situadas dos en la nave y las otras dos en los extremos de los brazos de la cruz.

Estos datos rescatados del “Eco de Cartagena”, son algo retóricos pero muy útiles.

Plano del templo insertado en el artículo del "Eco de Cartagena", 26-9-1896

Plano del templo insertado en el artículo del “Eco de Cartagena”, 26-9-1896

La imagen; era la que se veneraba bajo la advocación del Inmaculado Corazón de María y estuvo expuesta al público en el escaparate de un comercio de la Calle Mayor de Cartagena, fue adquirida en Barcelona por D. Ramón Cuenca y destruida en la Guerra Civil. Destacaba sobre una hermosa alegoría de la Gloria pintada por el artista Ussel de Guimbarda. No a todos les agradó la imagen de la Virgen, a un sector de los vecinos les pareció que representaba una mujer demasiado joven.

Imagen del Inmaculado Corazón de María, destruida en la Guerra Civil

Imagen del Inmaculado Corazón de María, destruida en la Guerra Civil

Los elogios y agradecimientos fueron abundantes y justos para el Señor Espinosa, sin cuya iniciativa nunca se hubiese conseguido; al propietario del solar, D. Pedro Sánchez, que lo cedió al igual que abundante cantidad de dinero; al Señor Cuenca, que regaló la imagen que dio nombre a la nueva Iglesia; al Maestro de Obras, D. Pedro Sánchez Arroyo, que regaló el pavimento y la Pila Bautismal, siendo el primer bautizado su nieto, Pedro García Rodríguez, hijo de su hijo mayor Pedro García Segado; al pintor Ussel de Guimbarda; y como cuenta D. José Vázquez (el antiguo habitante del barrio), a todos los vecinos que eran algo propietarios, pues quien no dio dinero aportó algún carro de piedra o algunos cientos de ladrillos, o varias horas de trabajo robadas al descanso.

Un capítulo importante en las fiestas de aquellos años eran las limosnas y el Barrio de Peral no iba a ser menos, el sábado se dio de comer a ciento cincuenta pobres un abundante cocido y pan a cargo de D. Pedro Sánchez y el domingo por D. Ramón Cuenca, una libra de pan y diez céntimos.

El barrio se vio desbordado por los visitantes, las tartanas y los coches formaron largas filas y los tranvías subían convertidos en racimos de seres humanos, teniendo éstos servicio extraordinario hasta las doce de la noche.

La música, los bailes, la iluminación y los bonitos fuegos artificiales también fueron un gran aliciente para la fiesta de inauguración de la iglesia.

1909. A la izquierda, podemos ver las torres de la antigua iglesia del barrio

1909. A la izquierda, podemos ver las torres de la antigua iglesia del barrio

En el mes de septiembre de 1897, en el “Eco”, leemos esta noticia que en nuestros días sería raro de encontrar; se trata de los funerales, más bien los segundos funerales de la primera esposa de Don Pedro Sánchez Martínez, Doña Fulgencia González, que como ya contábamos anteriormente, sería enterrada con su marido en la capilla de San Pedro de la nueva iglesia. Probablemente sucedería su muerte durante las obras, y en el día de la fecha seis de septiembre de 1897, sus restos fueron trasladados a la misma desde el Cementerio de San Antonio Abad.

A las siete de la mañana se congregaron numerosos amigos del esposo de la difunta y exhumados los restos fueron trasladados a la capilla del cementerio en la cual se celebró una misa cantada y responso.

Una vez finalizado se procedería al traslado que a pesar del calor y la lejanía, se hizo a hombros y llegados a la Iglesia se cantó una Misa de Réquiem acompañada desde el coro por la capilla de la Caridad, el oficio y lecciones por el Maestro Prado y el responso por D. Indalecio Soriano Fuertes.

Terminada ésta, los restos de Dña. Fulgencia fueron depositados en su sepultura y con ella documentos escritos por su esposo. La noticia del periódico terminaba de la siguiente manera:

“Descanse en paz en su nueva Sepultura, la que fue modelo de esposas”

El 17 de enero de 1906 la noticia del Eco fue la siguiente: “Costeada por nuestro querido amigo Don Pedro Sánchez, que ayer celebraba el santo de su linda hija Penchita, se verificó en la Iglesia de los Molinos una solemne misa cantada ocupando la Cátedra del Espíritu Santo un Padre Redentorista”

Cinco días después nos encontramos dos noticias esta vez más tristes, una la muerte de la niña María Luisa Briones, hija de D. José Luis y nieta del exsenador D. Luís Angosto y Lapizburu, vecinos del barrio. La otra, la de la muerte de D. Pedro Sánchez Martínez.

Todos las noticias encontradas sobre este señor han sido para bien, favorecía a todos, por eso el día de su muerte, las viudas y los huérfanos “regaban el lecho de su moribundo bienhechor”

Aparte de ceder los terrenos para la construcción de la iglesia y dar dinero en metálico, daba limosnas, encabezaba personalmente postulaciones y cuentan crónicas que cuando el Batallón de Infantería de Marina partió hacia Cuba, a los que eran vecinos del barrio, los despidió con una comida, tomando a su cargo a las familias. Fue un hombre de “corazón de oro envuelto en rústica corteza”. Quien acudió a él siempre lo halló y su mayor virtud, la modestia.

El día 23 de enero de 1906, fue trasladado el féretro desde su casa al Casino Industrial, del que fue Presidente, donde se instaló la capilla ardiente. Durante toda la mañana cada media hora se dijeron misas por su alma, a la hora del entierro se congregaron numerosas personas de todos los status sociales, siendo llevado a hombros desde el Casino, pasando por la Plaza Sánchez Domenech, calle del Convento (ahora J. Oliver Rolandi) hasta la iglesia.

Desde 1943, siendo cura párroco D. Alfonso Navarro Ballesta sus sepulturas se hayan ocultas bajo el pavimento sin ningún signo externo que las identifiquen. Sería un acto de gratitud instalar una lápida a modo de recordatorio, indicando el sitio donde reposan tan dignas personas.

Al año siguiente de estos acontecimientos, en 1907, la iglesia fue elevada a rectoría por el señor Obispo D. Vicente Alonso y Salgado, siendo el primer Sacerdote que actuó de Rector D. José María Contreras Tornero, y desde esta fecha, se hicieron distintas mejoras de hornato, gracias a la esplendidez de los fieles y a la buena administración de los distintos rectores.

En septiembre de 1919 en el “Eco” se publicaba una lista de donativos con nombres y apellidos y cantidades donadas para las obras de la iglesia, recaudados por la Junta de Damas del Barrio de Peral, constituida accidentalmente para este fin.

El Monumento

Durante casi los treinta años que separan los dos acontecimientos más importantes en la historia de la parroquia, la actividad no cesa, actividad en todos los aspectos, religiosos, económicos, festivos y sobre todo ganas de trabajar por ella. La sociedad de entonces era muy religiosa y temerosa de Dios y la de nuestro barrio era conocida por ello. Su actividad extralaboral, normalmente, la empleaban en la Iglesia.

Según el libro bibliográfico de D. José Esteban Díaz, este cura rector, nacido en La Arboleja (Murcia), fundó Asociaciones Marianas, la Congregación de Los Luises y la Hermandad de Caridad de los Caballeros del Corazón de María. También colaboraba en los periódicos “El Eco de Cartagena”, “La Verdad de Murcia”, “El Debate de Madrid”, y continuó con “Mi Parroquia” (hoja de divulgación parroquial).

Propició la celebración de una asamblea mariana que bendijo su Santidad el Papa, los ejercicios espirituales venían a impartirlos Padres misioneros del Corazón de María. La misión de 1925 fue recordada especialmente por la gran asistencia de público que obligó a celebrar la misa en el atrio de la iglesia.

Estuvo en la parroquia desde el 1 de septiembre de 1.923 al 5 de marzo de 1931 desde donde fue destinado a Yecla. Durante veintiún años ejerció en la Parroquia de La Purísima, donde esta enterrado en la Capilla del Santísimo.

Los ocho años que convivió entre nosotros fueron de enorme beneficio para todos. Apoyado por las autoridades tomó la decisión de ampliar y embellecer el Templo, así como construir una nueva fachada.

El día 25 de julio de 1926 se puso la primera piedra para el Monumento, según el proyecto del arquitecto D. Víctor Beltrí, el cual en sólo unos trazos plasmó la idea que todos tenían. Pero las obras no comenzaron hasta enero del año siguiente, las cuales no interrumpieron el culto, pues se dio paso bajo los arcos de su base.

Víctor Beltrí y proyecto

Víctor Beltrí y proyecto

Las celebraciones para este acto, fueron fastuosas y para que no hubiera fallos se repartieron hojitas a los vecinos con instrucciones, las cuales se cumplieron en su totalidad.

El señor Obispo, D. Vicente Alonso y Salgado, llegó desde la capital acompañado por personalidades del barrio, el 24 de julio a las cinco y cuarto de la tarde. Desde el hotel “Vinzes”, le escoltaron una sección de bicicletas organizada por D. Rafael Perelló García, y en la Plaza de Sánchez Domenech era esperado por casi la totalidad de los habitantes, autoridades y representantes de prensa, de la Hermandad de Caridad, de La Unión Patriótica y varios de la Comisión Popular de Los Molinos.

Quiso éste dirigirse andando a la finca del Señor Martínez Coll, que le serviría de residencia durante su estancia en el barrio, formando los vecinos una manifestación espontánea, queriendo besar el anillo de éste: “Cuyas indulgencias alivian tanto las culpas de los pecados”

Al día siguiente, apenas levantó el día, salió la procesión de la Milagrosa acompañada como siempre por los vecinos cantando el Rosario de La Aurora. Con repique de campanas, tracas y cohetes se llamó a la celebración de la primera misa, oficiada por el Señor Obispo y la segunda por el Rector.

La comida fue servida al igual que la cena por el Gran Hotel de Cartagena y por gentileza de D. Carmelo Martínez Coll, teniendo numerosos invitados.

El cronista de “Mi Parroquia” dice en su artículo que pluma de oro quisiera tener para describir los actos que sucedieron por la tarde en el Barrio de Peral. Fueron actos que difícilmente se repetirán. Empezaron con el bautizo de la hija de D. Francisco Ayuso, Ingeniero de las obras para el abastecimiento de las aguas a la Base Naval, le impusieron el nombre de María Luisa, siendo padrinos su abuela materna y abuelo paterno.

Seguidamente se cantó la salve a la Virgen por el coro de señoritas y señores de Cartagena que organizaba la Señorita María de los Ángeles Aznar.

El momento solemne fue cuando al salir al atrio de la iglesia la vieron engalanada con tantas filas de banderas, gallardetes y estandartes que movidos con la brisa mediterránea alegraban la vista y la fiesta.

A los lados de la iglesia, dos tribunas ocupadas por distinguidas familias de Cartagena y Los Molinos. La plaza abarrotada de público, secciones de la Cruz Roja Molinense y de Cartagena, y otras entidades como el Ayuntamiento y la Marina. En la presidencia el Señor Obispo, el Alcalde D. Alfonso Torres y D. Juan Bautista Aznar. Se hizo el silencio y D. Juan Letang leyó el documento histórico, en el que destacamos lo siguiente:

“La voluntad decidida y la fe cristiana de los vecinos de este barrio, alentada y dirigida por su virtuoso y evangelizador cura rector Don José Esteban Díaz, concibieron la idea de restaurar la fachada de la Iglesia y ampliar ésta. Seria traicionar a la verdad si se silenciara el inmenso entusiasmo de todos los donantes apenas eran requeridos.

Afortunadamente Dios estuvo con nosotros, la idea tomó cuerpo y hemos llegado al día de hoy, donde podemos felizmente encerrar en una arqueta metálica las últimas palabras del prólogo de una obra de piedad.

En esta arqueta, donde con objetos del tiempo presente se ha de guardar este documento con las firmas de todos, como homenaje de adhesión al acto, debe guardarse también la promesa unánime del Barrio de Peral para que haga crecer esta obra que hoy comienza, hasta hacerla llegar al nimbo luminoso de la Virgen.

Del proyecto de las obras se puede decir, que el Ilustre Arquitecto Don Víctor Beltrí Roqueta adelantándose en el pensamiento le bastaron unos momentos para trazar el magnífico boceto de este frontis, rematándolo felizmente con la gentil figura de nuestra patrona.

Sólo falta para la realización de esta idea, el dinero, esta dificultad fundamental impediría en otro pueblo, ver terminada la obra.

En el Barrio de Peral con sus moradores tan cristianos como generosos, y tan nobles como amantes de su barrio, hijo mayor y predilecto de Cartagena, no se puede tener duda de su realización. Este Barrio que en su glorioso historial cuenta con el galardón honrosísimo de denominarse con el nombre del sabio inventor Cartagenero, Don Isaac Peral no puede permitir que no se alce un monumento digno de la fe que posee terminando el conjunto más bello y más armónico que ha de perpetuar el nombre de este Barrio, por haber hermanado la ciencia y la fe que son el pan y el agua, la luz y el perfume y la dicha de los pueblos civilizados.

Enterremos este documento, que no tiene más valor que el que le vais a dar con vuestro testimonio.

Así lo acreditaron el día del Apóstol Santiago del vigésimo sexto año del siglo XX y durante la regencia de Don Alfonso XIII, los Excelentísimos e Ilustrísimos Señores Don Vicente Alonso Salgado, Obispo de Cartagena; Señor Capitán General del Departamento Don Juan Bautista Aznar, Señor Alcalde de la ciudad Don Alfonso Torres López, y demás autoridades, y con ellos el Barrio de Peral, que al firmar este documento a manera de compromiso para volver en breve a este lugar al descubrimiento de la imagen de la Patrona que ha de rematar la Torre de la Iglesia”

Herramientas utilizadas y medalla conmemorativa

Herramientas utilizadas y medalla conmemorativa

Al terminar este colosal discurso fue firmado por la presidencia y otras muchas personalidades, Alcalde del barrio D. Ángel Ros Barbero, algunos vecinos y el Párroco. Convenientemente plegado es depositado en la caja metálica junto con los periódicos locales “Cartagena Nueva”, “El Porvenir”, “El Eco de Cartagena” y uno de “La Verdad de Murcia”. Mientras la banda de Infantería de Marina tocaba la Marcha Real, la gente sin descanso aplaudía enardecida, mientras el niño José García hacia bajar la piedra, después de ser bendecida por el señor Obispo. El señor Alcalde con paleta de plata y martillo del mismo material que le entrego D. Víctor Beltrí, dejó fijada, quizás para siempre, la piedra del anhelado monumento.

Momento de la colocación de la primera piedra. A la derecha del Obispo D. Vicente Alonso Salgado, el alcalde de Cartagena, D. Alfonso Torres, y enfrente, el arquitecto D. Víctor Beltrí

Momento de la colocación de la primera piedra. A la derecha del Obispo D. Vicente Alonso Salgado, el alcalde de Cartagena, D. Alfonso Torres, y enfrente, el arquitecto D. Víctor Beltrí

Grande fue la alegría del párroco este día, y de la dedicatoria que escribió para “Mi Parroquia”, reproducimos este párrafo:

“Ved aquí, el motivo justificadísimo de que “Mi Parroquia”, por vez primera se viste de gala y ofrezca a su férvidos lectores, en colección completísima las fotografías, los trabajos, los prospectos, las reseñas y las liquidaciones que tienen intima relación con el acontecimiento suntuoso que nos ocupa, para que en cada domicilio del Barrio de Peral quede archivado perdurablemente cuanto en tan memorables días hicimos por nuestra madre y las generaciones venideras se enardezcan leyéndolo en el amor a María y lo transmitan más ardiente a los que le sucedan”

Y gracias al Sacerdote y los vecinos que obedientes guardaron esta hoja “Número Extraordinario de Mi Parroquia” de septiembre de 1.926, hoy hemos podido informarnos e informarles a todos.

En esta ocasión por excesivos gastos de papel, clichés e impresión no se repartió gratis. Solicitaban una peseta para sufragarlos y presentaban las cuentas con suma pulcritud, pero eso sí, casi siempre con déficit.

El 2 de noviembre de 1927 tuvo lugar una solemne Misa de Réquiem en recuerdo de nuestro Ilustre Paisano D. Isaac Peral y Caballero, con motivo del traslado de sus restos del nicho donde se encontraban al Mausoleo que aún existe. A él asistieron sus hijos Carmen, Isaac y Antonio, y sus nietos Isaac y Mariano, y autoridades competentes.

Septiembre de 1927. Traslado de los restos de Isaac Peral al cementerio de Ntra. Sra. de los Remedios, Santa Lucía.

Septiembre de 1927. Traslado de los restos de Isaac Peral al cementerio de Ntra. Sra. de los Remedios, Santa Lucía.

Pasados los momentos de euforia, algunas puertas empezaban a cerrarse, los presupuestos subieron, de las primeras veintidós mil pesetas se elevaron a cuarenta y ochenta, y en algunas crónicas se habla hasta de ciento veinticinco mil pesetas.

D. Pedro Segado, "El Torico" y progreso de las obras, 17 de julio de 1927

D. José García Segado, “El Torico” y progreso de las obras, 17 de julio de 1927

Y el Sacerdote se sintió solo, pero su ánimo no flaqueó y su gran ilusión la saco adelante. Publicó artículos en los periódicos que colaboraba y “El Debate” de Madrid, distribuyo treinta mil ejemplares en color de “Mi Parroquia”, se mandaron cartas a todos los Curas, Párrocos y Obispos y circularon medallas con la imagen del Inmaculado Corazón de María.

Y se comenzaron a recibir donativos, no sólo del Barrio o Cartagena sino de otras partes de España así como de otras naciones:

Cuba, México, Argentina, Brasil y Filipinas. De su Majestad el Rey y de la Familia Real. El Señor Obispo regaló la imagen que corona la torre; la alcaldía de Cartagena colaboró con seis mil pesetas, el Alcalde del barrio, y como siempre los vecinos pusieron su corazón y cuanto dinero pudieron.

Por todo esto las obras continuaron, estando a cargo D. José García Segado, maestro de obras del barrio, llamado cariñosamente “El Torico”. Como anécdota de este personaje contaré que más tarde estrenó, por sus ideas políticas, la actual cárcel de San Antón, de la que también fue su maestro de obras.

Por otro lado, el incansable Sacerdote, seguía solicitando recursos para su Iglesia, esta vez encontramos en las Actas Capitulares de 9 de marzo que solicitaba protección para ésta, un reloj para la torre y el arreglo de las plazas anterior y posterior a la Iglesia, se le concedieron mil quinientas pesetas a cargo del “Capitulo de Imprevistos” y el arreglo de la plaza de la Iglesia denominada Carmen de Peral, con un presupuesto de dos mil quinientas diecisiete pesetas con sesenta y seis céntimos.

Los días anteriores a la inauguración, en la prensa local “El Porvenir”; y “El Eco”, en las secciones “Notas Religiosas” se anunciaron las celebraciones para este evento y a los archicofrades y devotos del Corazón de María, se les recordaba oyesen la primera Misa Cantada a toda orquesta y asistieran a la procesión ataviados con el escapulario. Toda Cartagena sabía de la importancia de esta obra y lo irrealizable que en un principio parecía y se disponía a asistir tanto a las fiestas religiosas, como novenas, rosarios, procesiones, sermones y salves, así como a las verbenas, bailes y bonitos fuegos artificiales.

En esta ocasión el señor Obispo se hospedó en el Hospital de Caridad, y después de las confirmaciones del sábado día 22 de septiembre de 1928, fue obsequiado con una comida en casa de los Señores de López Pinto. Por la tarde tuvo lugar el final de la novena con una solemne Misa, en la cual comulgaron ochenta y seis caballeros y trescientas ocho señoras; y las conferencias ofrecidas por el Padre Brossa.

Septiembre de 1928. Finalización del Monumento

Septiembre de 1928. Finalización del Monumento

A las once, se iluminó el Monumento, coronado por la imagen de la Patrona, el Inmaculado Corazón de María, según deseaba D. Juan Letang en su discurso de colocación de la primera piedra dos años antes y en cuya base el sacerdote introdujo en una botella una lista con los nombres de las personas que colaboraron en las obras. Así lo atestiguan unos escritos titulados, “Nuestro barrio, un lugar apetecible para vivir”, de nuestra paisana, Erna Pérez de Puig, y creencia popular extendida entre todos los vecinos.

Aspecto del monumento el día de su inauguración el 23 de septiembre de 1928

Aspecto del monumento el día de su inauguración el 23 de septiembre de 1928

También se hizo un himno, compuesta la música por el R. P. S. Iruarrizaga, D. Salvador Esteban (misionero) y letra de Don Juan Letang. Fue repartido mediante hojas impresas para cantarlo tanto en la bendición como en la procesión.

Según D. José Esteban, que fue el cronista de lo relatado, comentó que sería “simpático” que todos los asistentes al acto llevasen el alfilerrecordatorio, que había sido diseñado para esta ocasión. También se habían acuñado unas placas de hierro esmaltadas, con la imagen del Corazón de María para las puertas de las casas con la fecha del acto.

De la mano de la Virgen, que corona el monumento, arrancaría una cinta azul, que sería dada a besar al público, según orden establecido.

Por fin llegó el momento de la bendición y nadie tan contento como el Cura José Esteban, arropado por las autoridades religiosas, civiles, militares y todo el pueblo.

Don Juan Letang dio lectura a un extenso documento haciendo memoria de los dos años de trabajo, siendo muy aplaudido. El Padre Brossa y el señor Cura también tuvieron palabras para todos dando las gracias al pueblo por su colaboración. A continuación se cantó el himno, y tras la consagración de la Diócesis de Cartagena al Inmaculado Corazón de María, se celebró la procesión cerrando ésta la banda de Infantería de Marina con piquete, tambores y trompetas.

La nueva torre de estilo neogótico aparecía iluminada con verdadero gusto, majestuosa, con sus veintitrés metros de altura, construida con cemento armado. La imagen de piedra natural de tres metros y la corona de uno, la cual fue construida e instalada por Matías García, artesano y vecino del barrio. Estaba iluminada con siete reflectores eléctricos de enganche municipal. El corazón era transparente y en el interior un foco que lo hacía visible al igual que la corona a gran distancia, y al no haber ningún edificio en el ensanche, servía de faro a los barcos de nuestra bonita bahía. Por ese motivo los vecinos la llamaban cariñosamente “LA TORRE FARO”.

Durante la Guerra Civil fue párroco D. Antonio Riquelme Miralles, que después sería capellán de las desaparecidas Siervas de Jesús. En este tiempo de guerra el templo sería totalmente devastado, convirtiéndose en cuartel y desapareciendo todas las imágenes, entre las que se encontraban el Inmaculado Corazón de María y el Cristo de Medinaceli.

Imagen del Cristo de Medinaceli destruido en la Guerra Civil

Imagen del Cristo de Medinaceli destruido en la Guerra Civil

Se erigió en parroquia en 1941, siendo Obispo Miguel de los Santos Díaz y Gómara, y su primer párroco Alfonso Navarro Ballesta.

En 1943, se entronizó en la torre la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, signo de los tiempos nacionalcatólicos.

1943. Colacación del Sagrado Corazón de Jesús en la torre de la iglesia

1943. Colacación del Sagrado Corazón de Jesús en la torre de la iglesia

Actualmente, aparece en el Catastro a nombre del Obispado de Cartagena, un solar de 868 m. con 938 m. construidos, en la plaza Carmen de Peral nº 4, con una distribución de 556 m. que ocupa el templo, 13 m. el despacho parroquial, 287 m. el salón de la parroquia, y 98 m. la vivienda del párroco con entrada por la calle San Fulgencio. También comprende un atrio con dos pinos en la entrada principal del templo, propiedad de la parroquia.

Una de las grandes villas construidas en este barrio y ya desaparecida. En su lugar se encuentra el Local Social de Barrio Peral

Una de las grandes villas construidas en este barrio y ya desaparecida. En su lugar se encuentra el Local Social de Barrio Peral

En 1933, el cronista de la ciudad, Federico Casal, describe así las tres naves de las que consta el templo:

“En la lateral derecha los altares de la Virgen del Rosario, de la familia Fernández Puertas; de la Virgen del Carmen (imagen procedente de la iglesia de Santo Domingo de Cartagena) de la familia Mancha, y las de San Antonio de Padua, y del Sagrado Corazón de sus respectivas asociaciones. En la nave izquierda, la imagen del Cristo de la Expiación propia de la Asociación que preside Dña. Josefa Álvarez, de Letang; una capilla de San Pedro y San Fulgencio, propia de la familia Sánchez y García, en la que existen enterramientos autorizados; la de San José, de la cofradía de su nombre, y una imagen de la Virgen del Primer Dolor, propiedad de la familia de D. Antonio Pagán. En el altar mayor se venera la imagen del Inmaculado Corazón de María”

En 1943, se enriqueció su imaginería con una Dolorosa, reproducción de la de Salzillo, y una Virgen del Pilar procedente de Zaragoza.

Actualmente, el altar mayor lo ocupan, junto al Sagrario, un Crucificado y el Inmaculado Corazón de María. Entrando, a la derecha, San Nicolás, San Antonio, la Dolorosa, el Corazón de Jesús y un cuadro con el dibujo del beato José Pavón Bueno, sacerdote fusilado en Barbastro el 12 de agosto de 1936. Y a la izquierda, el Cristo de Medinaceli, la Inmaculada, Santa Rita, San José, la Virgen del Carmen y la Milagrosa.

Imagen de San Nicolás

Imagen de San Nicolás

Altar Mayor

Altar Mayor

La parroquia cuenta con unos 15000 feligreses, habiendo surgido de ella dos parroquias más: la de la Sagrada Familia y la de San Francisco de Asís en José Mª de Lapuerta.

Una curiosidad, el primer escalón de entrada al templo está a la altura de la cúpula del Gran Hotel.

Fachada de la iglesia en los años 70

Fachada de la iglesia en los años 70

Fachada de la iglesia en la actualidad

Fachada de la iglesia en la actualidad