Ayuntamiento de Cartagena

El Ayuntamiento de Cartagena ocupaba un edificio del s. XVIII, ubicado en la Plaza de Santa Catalina o de las Monjas. El deterioro que sufría dicho edificio, el desarrollo que estaba experimentando la ciudad a finales del s. XIX, y la aparición de una burguesía más afianzada, hicieron conveniente levantar un nuevo edificio adaptado a las distintas expectativas.

El antiguo edificio fue derribado en 1893, y en 1894, el ayuntamiento aún no tenía ubicada definitivamente a la corporación. Se gestionó la compra de la Casa Pedreño, pero debido a su elevado coste, no fraguó.

Plaza de las Monjas

Plaza de las Monjas, conocida así por un monasterio que hubo frente al ayuntamiento. A la izquierda se aprecia la fachada de la antigua casa consistorial. Fotografía tomada por Casaú a finales del s. XIX.

Plaza de las Monjas

Plaza de las Monjas.

Fotografía tomada en 1894 donde aparece el antiguo edificio del ayuntamiento.

Fotografía tomada en 1894 donde aparece el antiguo edificio del s. XVIII, remodelado varias veces hasta su demolición.

El puerto de Cartagena. A la izquierda podemos apreciar la torre del ayuntamiento.

1902. Dársena de botes. A la izquierda de la imagen podemos observar la torre del ayuntamiento y hacia la derecha la antigua catedral y la puerta del Muelle.

Se decidió construir un nuevo edificio donde antes estaba el antiguo, y fue encomendado al arquitecto municipal Tomás Rico, colocándose la primera piedra el 7 de marzo de 1900, con un acto oficial presidido por el alcalde Mariano Sanz Zabala.

Construcción del nuevo palacio consitorial.

Construcción del nuevo palacio consitorial.

Obras de construcción en la rotonda donde se encuentra la alcaldía y el reloj.

Durante la construcción del edificio, se produjeron retrasos originados por la falta de material, o por problemas de cimentación sobre el inestable terreno (allí se encontraba el muelle en el s. XVI), lo que motivó las posteriores grietas aparecidas en su fachada a lo largo del tiempo.

El edificio, cuyo coste fue de 1.780.437,37 ptas., fue inaugurado en 1907, aprovechando la visita a Cartagena del rey Alfonso XIII y el rey Eduardo VII de Inglaterra para la firma de los “Pactos de Cartagena”. En enero de 1908 la Corporación se instaló en el nuevo edificio.

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Última fase de la construcción, hacia 1906.

1907. Con motivo de la visita del rey Alfonso XIII, se cubrió con un escudo el hueco del reloj que aun no había sido colocado.

1907. Con motivo de la visita del rey Alfonso XIII, se cubrió con un escudo el hueco del reloj que aun no había sido colocado.

Vista lateral

Vista lateral del Palacio Consistorial desde la futura plaza de los Héroes de Cavite.

Es un suntuoso palacio de planta triangular, con cuatro cúpulas y rotondas en las esquinas. Cada fachada, de granito de Villalba y mármol blanco de Macael, tiene un tratamiento diferente. Así, la principal, que mira a la Plaza del Ayuntamiento, se realza con el pórtico y el eje central, marcado en planta, y rematado por el escudo de Cartagena y la cúpula mayor. En la fachada que da a la calle Alcalde Zamora, destaca un gran balcón corrido al que se abren tres esbeltos arcos de medio punto.

El resultado es un edificio ecléctico con un indudable aire clasicista acorde con su función de Casa Consistorial.

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Fotografía de Casaú que muestra la fachada que asoma a la calle Alcalde Zamora.

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Vista de la fachada principal donde destaca el adelantado cuerpo central con su gran cúpula.

En el eje central, que incluye la tribuna y el pórtico, destaca el uso del frontón, la columna y otros elementos clasicistas como los ventanales dintelados. En el resto del edificio se combinan motivos geométricos: puntas de diamante, círculos y grandes mensulones. Las cúpulas de cinc y la composición de ventanas, con óculos enmarcados por pilastras, le dan una apariencia muy afrancesada. El aire modernista se lo dan los motivos florales, las bases de las columnas de la rotonda, las cabezas coronadas en las esquinas, los diseños de forja y puertas, las balaustradas de los balcones, los detalles decorativos de las cúpulas y el diseño del marco del reloj. En el interior, prácticamente todo el diseño es modernista.

Imagen del ayuntamiento al poco de su inauguración.

Imagen del ayuntamiento al poco de su inauguración.

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Vista general desde el puerto.

Junto al salón de plenos y la ornamentación de la alcaldía, el conjunto ovalado que forman el vestíbulo y su escalera imperial es lo que más destaca del interior. Éste se ve realzado por la luz que entra por los lunetos y la vidriera central. En él se combinan las columnas y pilares de hierro de la fundición La Salvadora con el noble mármol, la exuberante decoración floral de las balaustradas y la luminosidad de sus lámparas.

1927. Sala de Sesiones.

1927. Salón de Plenos.

Años 50. Imágenes del vestíbulo.

Años 50. Imágenes del vestíbulo.

Cabe resaltar, entre la colección de pinturas distribuidas por el edificio, la obra pictórica de Inocencio Medina Vera en el techo de la antesala de la alcaldía. Una obra alegórica que representa a Cartagena “minera y marinera” y que describe así Pérez Rojas: “Sobre un bloque de piedra una delicada figura femenina coronada con las almenas de la torre del escudo local representa a Cartagena. Una figura a la que el aire agita su manto carmín y que resalta por la elegancia de sus gestos en la pose de las piernas y brazos. A sus lados dos personajes masculinos, ejecutados con extremo realismo representan a dos obreros con el torso desnudo, la piel de la cara curtida y la barba enjuta. Uno de ellos, la minería, sostiene un pico con un brazo y el otro brazo reposa sobre un capazo repleto de mineral, a sus pies una linterna, una pala y una vagoneta de minas; enfrente su compañero del mar está sentado sobre otras rocas y apoyado en una cuerda de polea de barco, a los pies un ancla habla del mar, se trata de un marinero de la misma procedencia social que el minero: el pueblo. A los pies de la composición el escudo de Cartagena con su ajetreo de barcos”

 la obra pictórica de Inocencio Medina Vera en el techo de la antesala de la alcaldía. Una obra alegórica que representa a Cartagena “minera y marinera” (Foto: Juan de Dios Sáez)

La obra pictórica de Inocencio Medina Vera en el techo de la antesala de la alcaldía. (Foto: Juan de Dios Sáez)

El edificio se distribuía de la siguiente forma: en la planta baja los juzgados de primera instancia, laboratorio, guardia municipal, parque de bomberos, almacén de barrenderos y los servicios de higiene; en el primer piso el salón de sesiones, despachos de comisiones, alcaldía, secretaría, contador oficial mayor, arquitecto, depositario, archivero, oficinas y sala de subastas; en el segundo piso, archivo, y habitaciones particulares del secretario, juez de primera instancia y mayordomo.

Plaza del Ayuntamiento, 1919. El agua llegó hasta una altura de 3,2 m. en la calle Real y 3 m. en la calle Carmen y Santa Florentina.

Inundaciones de 1919. Plaza del Ayuntamiento. El agua llegó hasta una altura de 3,2 m. en la calle Real y 3 m. en la calle Carmen y Santa Florentina.

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Años 50.

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Plaza del Ayuntamiento en los años 50. En el centro el edificio de oficinas de la Mancomunidad de Canales del Taibilla.

27 Plaza del Ayuntamiento. 1953.

La plaza del Ayuntamiento en 1953.

Años 70

El Submarino Peral y al fondo el Ayuntamiento a finales de los 70.

El 25 de abril de 2006, tras once largos años de rehabilitación, realizada por el arquitecto Juan Antonio Molina, el Palacio Consistorial ha vuelto a ser entregado al ayuntamiento por la ministra de Vivienda María Antonia Trujillo y ahora vuelve a relucir para regocijo de propios y extraños.

Fachada principal del Ayuntamiento tras su restauración. (Foto: Juan de Dios Sáez)

Fachada principal del Ayuntamiento tras su restauración. (Foto: Juan de Dios Sáez)

Detalles del interior. Fotografías tomadas por Juan de Dios Sáez:

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El Castillito de Los Dolores

Creo no equivocarme si afirmo que este edificio, aún siendo una construcción notable, aportó menos al patrimonio arquitectónico de Cartagena que al desarrollo imaginativo de sus niños. Recuerdo todavía cuando alguna noche, de regreso por la carretera de Los Gabatos, vislumbraba una tenue luz en alguno de los torreones y la imaginación se me disparaba en mil elucubraciones. Por desgracia, la magia que envolvía al palacete desapareció con los años, no por mi madurez, sino por la edificación del entorno, que trasformó su bosque encantado en una moderna urbanización, encuadrándolo dentro de la ciudad para siempre.

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Siento que la historia del mítico Castillito no esté sembrada de brujas, caballeros o princesas, como debería ser, sino de una realidad bien distinta que os contaré a continuación.

El Castillito en 1989. En primer plano una de las garitas (Foto: Salvador Zamora)

El Castillito en 1989. En primer plano una de las garitas (Foto: Salvador Zamora)

En el barrio de Los Dolores, en la actual urbanización de Castillitos, se encontraba la finca de D. Pedro Conesa Calderón, uno de los comerciantes más ricos de Cartagena, poseedor de varios edificios en importantes calles de la ciudad como Santa Florentina y la Puerta de Murcia, entre ellos el desaparecido Pasaje Conesa.

En la Puerta de Murcia mandó construir para su hija, Antonia Conesa, y su yerno, Isidoro Calín, el edificio del Palacio del Marqués de Fuente Sol que también da a las calles Castellini y Conducto. Isidoro Calín era propietario de grandes extensiones de tierras desde La Aljorra hasta Los Dolores, y dueño de la conocida Torre Calín. Fruto de este matrimonio es su hija Antonia Calín Conesa.

D. Pedro Conesa encargó que se construyera en su finca de Los Dolores un rincón de juegos como regalo para su nieta Antonia, una construcción que hiciera las veces de “casa de muñecas”. Semejante excentricidad fue posible gracias a su alto estatus económico.

Antonia Calín Conesa se casó con D. José de la Figuera y Cerda, el primer Marqués de Fuente Sol que llegó a Cartagena, y estuvieron viviendo en el edificio que construyó su abuelo Pedro Conesa para sus padres en la Puerta de Murcia. “El Castillito” se utilizaba como residencia de veraneo, conociéndose a partir de entonces como el castillito del marqués.

El hijo de ambos, D. José de la Figuera y Calín, ingeniero naval, se casó con Dª María del Carmen López Casal y estuvieron viviendo, junto a sus hijos, en la finca de Castillitos hasta que éste falleció el 14 de junio de 1952 y su viuda se trasladó a Madrid.

El Castillito en 1989 (Foto: Salvador Zamora)

El Castillito en 1989 (Foto: Salvador Zamora)

El Castillito data de 1900 y fue edificado en la parte más elevada de la propiedad, dominando toda la finca. Esta obra está atribuida a Tomás Rico, arquitecto de la primera vivienda de Pedro Conesa.

Torre y buhardilla de la cara norte, 1989 (Foto: Salvador Zamora)

Torre y buhardilla de la cara norte, 1989 (Foto: Salvador Zamora)

Es un edificio muy peculiar, construido con una pintoresca fantasía premodernista. La decoración de las fachada se basa en la combinación del ladrillo rojo y la piedra artificial. La planta baja es de piedra acanalada con adornos de ladrillo; en contraste, el piso superior es de ladrillo y la piedra artificial se limita a los adornos. Los guardapolvos de ladrillo en la planta baja, las cadenas de las esquinas, las buhardillas y los temas de tipo griego que decoran los guardapolvos del piso superior, podían ser motivos identificativos de Tomás Rico. Los tejados son muy puntiagudos y le dan un aire de villa colonial. Adosadas a la planta se encuentran dos torres cilíndricas que corresponden a dos cajas de escalera. La parte superior de las torres está rodeada por un balcón de hierro y coronada por una cúpula cónica.

Fachada norte, 1989 (Foto: Salvador Zamora)

Fachada norte, 1989 (Foto: Salvador Zamora)

Detalle de la parte superior de una de las torres, 1989 (Foto: Salvador Zamora)

Detalle de la parte superior de una de las torres, 1989 (Foto: Salvador Zamora)

Los interiores estaban decorados con bellas pinturas, ricos tapices y ambientaciones de inspiración islámica en algunos rincones.

En el exterior, al sur de la vivienda, se encontraba una terraza con balaustres a la que se accedía por una escalera. Ésta estaba flanqueada por unas garitas de planta hexagonal de ladrillo, adornadas con motivos geométricos. El jardín se completaba con una serie de estatuas, fuentes y bancos recubiertos de trencadís (azulejería troceada).

Puerta interior, 1989 (Foto: Salvador Zamora)

Puerta interior, 1989 (Foto: Salvador Zamora)

Uno de los techos, previo a su última restauración.

Uno de los techos, previo a su última restauración.

Detalles del interior aun sin restaurar (Foto: Juan de Dios Sáez)

Detalles del interior aun sin restaurar (Foto: Juan de Dios Sáez)

Desde el interior de la torre sur del Castillito partía un túnel subterráneo que comunicaba con la vivienda, de aspecto más sencillo, situada en la margen derecha de la finca.

Obras de rehabilitación del Castillito, donde se puede ver en la zona inferior parte del túnel que accedía a la vivienda.

Obras de rehabilitación del Castillito, donde se puede ver en la zona inferior parte del túnel que accedía a la vivienda.

El 1 de marzo de 1988, Dª María del Carmen López Casal, marquesa de Fuente el Sol, viuda de D. José de la Figuera y Calín, vendió la finca a una constructora, exceptuando el Castillito, que cedió al Ayuntamiento en mayo de ese mismo año para su uso como instalación lúdica o zona verde. Fue decalarado Bien de Interés Cultural el 24 de octubre de ese mismo año. A pesar de su protección BIC sufrió un proceso de abandono, degradación y saqueo, que pasó incluso por más de un incendio.

En junio de 2000, finalizó una primera restauración del edificio realizada por la Escuela Taller de la Agencia de Empleo. En junio de 2001, la Escuela Taller Jardín Botánico el Castillito de Los Dolores acondicionó un jardín botánico con plantas autóctonas en los alrededores del palacete.

Actualmente, y tras una nueva y excelente rehabilitación, la mansión alberga un cuartel de la Policía Local.

Imagen del Castillito en la actualidad. Sede de la Policía Local.

Imagen del Castillito en la actualidad. Sede de la Policía Local.

A continuación una serie de fotografías realizadas tras la magnífica restauración, cedidas por Juan de Dios Sáez.

Exterior1

Exterior2

Exterior3

Exterior4

Vestíbulo1

Vestíbulo2

Sala del balcón

Sala de los pajaritos3

Sala de los pajaritos2

Sala de los pajaritos1

Escaleras y pasillos

La Feria de Verano en el paseo Alfonso XII

En 1874, Cartagena obtuvo la autorización de terraplenar y ganar terreno al mar para la construcción del nuevo muelle, que finalizado en sólo tres años, sería inaugurado por Alfonso XII.

Año 1890. Terminación de la primera fase.

Año 1890. Terminación de la primera fase.

De cara al mar se encontraba el muelle comercial, con sus tinglados, vías, andenes y ferrocarriles. Paralelo al muelle quedaba un paseo que se denominó Paseo de Alfonso XII (llamado de La Libertad durante la 2ª República) o Paseo del Muelle, como coloquialmente se le conoce.

Tinglados, vías y vapores en el nuevo muelle comercial.

Tinglados, vías y vapores en el nuevo muelle comercial.

En el paseo tenían representación los grandes bares y cafés de la calle Mayor. Para el periodo estival se levantaban teatros de madera, como el instalado en 1888, llamado Circo de la Riba; el barracón “Cinematógrafo Oriental”, propiedad de los Hnos. García Molero, precursores del cine en Cartagena; o “El Brillante”, propiedad de Cánovas y Valero, donde llegaron a actuar estrellas de la época como la Bella Chelito y Amalia Molina.

Vistas del Paseo de Alfonso XII .

Vistas del Paseo de Alfonso XII y el Ayuntamiento.

Vista del Paseo de Alfonso XII. Como fondo la muralla y el edificio de Intendencia.

Vista del Paseo de Alfonso XII. Como fondo la muralla y el edificio de Intendencia.

Al atardecer, el paseo era punto de encuentro de toda la población. Tal era el ambiente y el buen estar que reinaba que se alquilaban sillas para ver el devenir de la gente.

A pesar de todo, aún había algo que lo hacía más atractivo: era la Feria de Verano de Cartagena, que duraba desde el 25 de julio hasta el 15 de agosto. Esta feria se celebraba en la Plaza de la Merced desde mediados del siglo XVIII. En 1851 se trasladó al solar que dejó el monasterio franciscano (que luego se transformaría en la Glorieta de San Francisco), y a partir de 1887, se ubicaría en el Paseo del Muelle, dándole más esplendor por su situación en el exterior del recinto y realzándola con el alumbrado de gas, y más tarde el eléctrico. En el tiempo de feria, Cartagena se llenaba de forasteros y todas las fondas estaban completas. Eran días en que la casa se llenaba de familiares venidos de fuera.

Año 1904. Vista del Paseo desde la muralla. De izquierda a derecha, el pabellón del Ayuntamiento y del Círculo Militar.

Año 1904. Vista del Paseo desde la muralla. De izquierda a derecha, el pabellón del Ayuntamiento y del Círculo Militar.

Pabellones del Ayuntamiento y del Casino desde el muelle comercial.

Pabellones del Ayuntamiento y del Casino desde el muelle comercial.

El Eco de Cartagena, en su edición del 26 de agosto de 1899 definía así la feria: “Mirada desde el puerto, con sus múltiples lámparas eléctricas que, pendientes de altísimas columnas, vierten sobre ella cascada de brillante luz, con su largo y anchuroso paseo festoneado de millares de luces encerradas en bombas de cuajado cristal y con sus pabellones artísticos y hermosos, que rompen con su desigualdad armónica la monotonía del fondo y que a fuerza de estar de sobra iluminados parece que se levantan en el seno de una atmósfera incendiada”. Todo este poético escenario se veía aún más enaltecido con los barcos iluminados en la bahía y el engalanamiento de las principales calles de la ciudad.

El paseo engalanado.

El paseo engalanado.

Arco de entrada al real de la feria.

Arco de entrada al real de la feria.

Se accedía al Real de la Feria por una portada monumental. La levantada en 1902 presentaba la inscripción “A S.M. el Rey Alfonso XIII, la ciudad de Cartagena” con motivo de su coronación y estaba revestida con miles de bombillas eléctricas de diversos colores. La erigida en 1907, y desaparecida en 1911 por un vendaval, fue una de las más bellas. Su decoración, a base de motivos de mar, de campo y de la mina, fue realizada por pintores tan importantes como Francisco Portela de la Llera, Manuel Iznardo y Miguel Díaz Spottorno.

Año 1902. La portada presenta la inscripción "A S.M. el Rey Alfonso XIII, la ciudad de Cartagena"

Año 1902. La portada presenta la inscripción “A S.M. el Rey Alfonso XIII, la ciudad de Cartagena”

Año 1903. Arco de entrada al recinto ferial y los majestuosos pabellones.

Año 1903. Arco de entrada al recinto ferial y los majestuosos pabellones.

Durante la feria, el Ayuntamiento y las sociedades recreativas como el Casino, el Ateneo, el Círculo Militar y la Unión Mercantil, instalaban suntuosos quioscos o pabellones profusamente decorados, obras de los arquitectos locales de más prestigio como Víctor Beltrí, Tomás Rico o Francisco de Paula Oliver. En estos pabellones, se celebraban elegantes bailes y cotillones hasta altas horas de la madrugada, tocaban las bandas militares, y sextetos de grandes maestros interpretaban conciertos de música clásica.

El Pabellón de la Corporación Municipal fue levantado en 1902 por Tomás Rico. Es una combinación de cúpulas, doseles, columnas, gabletes y jarrones en un estilo barroco modernista. Desde este pabellón del Ayuntamiento, el 23 de junio de 1903, Alfonso XIII presenció el desfile militar organizado en su honor con motivo de su visita oficial a la ciudad.

En el año 1902, el Ayuntamiento, presidido por Ángel Bruna, encarga a Tomás Rico la construcción de este magnífico pabellón.

En el año 1902, el Ayuntamiento, presidido por Ángel Bruna, encarga a Tomás Rico la construcción de este magnífico pabellón.

Dos visitantes posan ante la obra de Tomás Rico.

Dos visitantes posan ante la obra de Tomás Rico.

Del Pabellón del Casino, levantado por Oliver, el diario local escribía: “…el lujoso pabellón del Casino que al inaugurarse mañana por la noche parecerá un palacio de la luz habitado por hadas”

En él se organizaban bailes los jueves y los domingos por la noche, y daba conciertos de piano el maestro Álvarez, autor del pasodoble Suspiros de España. En sus jardincillos jugaban los niños, que sólo podían acceder a su interior los jueves por la tarde.

Pabellón del Casino, obra de Oliver.

Pabellón del Casino, obra de Oliver.

Otra vista del Paseo con el Pabellón del Casino.

Otra vista del Paseo con el Pabellón del Casino.

El Pabellón del Círculo Militar, obra de Víctor Beltrí, fue erigido en 1902. La prensa lo definió como de estilo japonés, basándose en unas formas que recordaban las proas de las góndolas. También destacaban unos mástiles inclinados apoyados sobre los soportes de la estructura y que sujetaban el toldo. El acceso a este pabellón estaba limitado a los militares y a sus invitados. Fue destruido en 1907 por un vendaval.

Pabellón del Círculo Militar, levantado por Víctor Beltrí.

Pabellón del Círculo Militar, levantado por Víctor Beltrí.

Llamaba la atención el original diseño que la prensa definía como "japonés"

Llamaba la atención el original diseño que la prensa definía como “japonés”

1922. Pabellón del Taurino.

1922. Pabellón del Taurino.

La Casa de Expósitos instalaba una barraca donde se realizaban rifas y cuyas papeletas eran vendidas por bellas señoritas casaderas.

En el recinto ferial también habían casetas de madera y puestos de baratijas, de abanicos, de juguetes y de dulces; arcos de luces, farolillos y gallardetes de colores; títeres, ruedas de caballitos y cinematógrafos como el Lumière.

Real de la feria.

Real de la feria.

Paseando por la feria.

Paseando por la feria.

La feria estaba animada por bandas militares, fuegos artificiales acuáticos, regatas, cucañas marítimas, carreras de bicicletas, etc. En su programación contaba con tres corridas de toros y una modernista velada marítima -festejo éste, propiamente cartagenero y colofón de la feria-.

1901. Elefante. Carroza construida totalmente con transparentes e iluminación interior y en la peana.

1901. Elefante. Carroza construida totalmente con transparentes e iluminación interior y en la peana.

1947. Barcaza preparada para la velada marítima.

1947. Barcaza preparada para la velada marítima.

Durante la feria también se celebraba la “Batalla de Flores”, donde desfilaban carrozas y carruajes hermosamente engalanados con miles de flores y con opción a ser premiados.

1903. Carruajes engalanados para la Batalla de Flores

1903. Carruaje engalanado para la Batalla de Flores.

Carruaje engalanado para la Batalla de Flores.

Carruaje engalanado para la Batalla de Flores.

En otra época, durante el día de Santiago, a la señal estrepitosa del cañonazo anunciante del mediodía, la gente que en ese momento anduviera por la orilla del muelle era arrojada al mar, vestida y sin previo aviso. Con el tiempo, esa costumbre pasó a ser tradición, y ese día se congregaba en el cantil del muelle una multitud de personas, mayoritariamente gente joven, a la espera del disparo de las doce para saltar vestidos al mar, eso si, llevándose por delante algún descuidado espectador.

En la parte más cercana a la Muralla se establecía otra peculiar feria que Isidoro Valverde definía de esta manera: “…otra pequeña feria sui generis, con personalidad y vida propia; era la feria de los barracones de mal pelaje, donde cierta clase de gente tenía sus diversiones peculiares y nada versallescas. Era un mundo báquico junto a otro mundo ordenado. Era un mundo pintoresco que hubiera encantado a cualquier pintor impresionista, separado del otro por una frontera inmaterial y meramente sociológica. Los de la feria de la derecha pasaban por su lado procurando ignorarlo. Naturalmente, las chicas bien no traspasaban esa frontera ni acompañadas por sus padres. Este mundo siniestro era conocido en Cartagena con el expresivo nombre de Barrio de las Injurias”

A partir de 1919, la feria veraniega fue decayendo poco a poco hasta desaparecer.

Terminando de narrar todo esto, no puedo evitar evocar esa sensación embriagadora de novela que nuestros antiguos paisanos sintieron ante tanta belleza y jolgorio, enaltecida por miles de bombillas que deslumbraron entre los brillos de la luz eléctrica a cuantos la vieron por primera vez.